No hay porqué temer … Querido Bernardo
No puedo dejar pasar esta fecha de «mi» calendario.
Hoy se celebra a Bernardo de Claraval, un amigo entrañable.
Feliz día así en el cielo como en la tierra.
No puedo dejar pasar esta fecha de «mi» calendario.
Hoy se celebra a Bernardo de Claraval, un amigo entrañable.
Feliz día así en el cielo como en la tierra.
21 de Agosto de 2016
Vigésimo primer Domingo del Tiempo Ordinario
PROCUREN ENTRAR POR LA PUERTA ANGOSTA…
Lucas 13:22-30]
Texto Evangélico de DHH
Otras lecturas: Isaías 66:18-21; Salmo 117:1, 2 (Marcos 16:15); Hebreos 12:5-7, 11-13
Lectio:
Viernes XX del tiempo ordinario
Texto del Evangelio (Mt 22,34-40): En aquel tiempo, cuando los fariseos se enteraron de que Jesús había tapado la boca a los saduceos, se reunieron en grupo, y uno de ellos le preguntó con ánimo de ponerle a prueba: «Maestro, ¿cuál es el mandamiento mayor de la Ley?». Él le dijo: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Éste es el mayor y el primer mandamiento. El segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos penden toda la Ley y los Profetas».
Gloria Fuertes, decía:
Aunque parezca mentira, Dios existe, es verdad. Nadie puede hacer a nadie creer en Dios. Hay que sentirlo uno mismo, porque resulta que está debajo de tu corbata, de tus zapatillas, detrás de la mirada de los hombres. Se puede enseñar aritmética, historia, filosofía, pero enseñar a creer en Dios a alguien que no cree… ¡qué error!
[…] Me lo presentó una amiguita del barrio, la primera persona que quise, sin ser de mi familia. Las miradas, los diálogos, los cantos, la felicidad que irradiaba esa chica traslucía algo que, aunque era tan humano y tan de aquí, tenía otro Aire, y ese Aire yo lo pondría con mayúscula. La primera vez que quise a alguien empecé a vislumbrar a Dios.
Texto del Evangelio (Mt 22,1-14): En aquel tiempo, Jesús propuso esta otra parábola a los grandes sacerdotes y a los notables del pueblo: «El Reino de los Cielos es semejante a un rey que celebró el banquete de bodas de su hijo. Envió a sus siervos a llamar a los invitados a la boda, pero no quisieron venir. Envió todavía a otros siervos, con este encargo: ‘Decid a los invitados: Mirad, mi banquete está preparado, se han matado ya mis novillos y animales cebados, y todo está a punto; venid a la boda’. Pero ellos, sin hacer caso, se fueron el uno a su campo, el otro a su negocio; y los demás agarraron a los siervos, los escarnecieron y los mataron. Se airó el rey y, enviando sus tropas, dio muerte a aquellos homicidas y prendió fuego a su ciudad.
»Entonces dice a sus siervos: ‘La boda está preparada, pero los invitados no eran dignos. Id, pues, a los cruces de los caminos y, a cuantos encontréis, invitadlos a la boda’. Los siervos salieron a los caminos, reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala de bodas se llenó de comensales. Entró el rey a ver a los comensales, y al notar que había allí uno que no tenía traje de boda, le dice: ‘Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de boda?’. Él se quedó callado. Entonces el rey dijo a los sirvientes: ‘Atadle de pies y manos, y echadle a las tinieblas de fuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes’. Porque muchos son llamados, mas pocos escogidos».
Texto del Evangelio (Mt 20,1-16): En aquel tiempo, Jesús dijo a los discípulos esta parábola: «El Reino de los Cielos es semejante a un propietario que salió a primera hora de la mañana a contratar obreros para su viña. Habiéndose ajustado con los obreros en un denario al día, los envió a su viña. Salió luego hacia la hora tercia y al ver a otros que estaban en la plaza parados, les dijo: ‘Id también vosotros a mi viña, y os daré lo que sea justo’. Y ellos fueron. Volvió a salir a la hora sexta y a la nona e hizo lo mismo. Todavía salió a eso de la hora undécima y, al encontrar a otros que estaban allí, les dice: ‘¿Por qué estáis aquí todo el día parados?’. Dícenle: ‘Es que nadie nos ha contratado’. Díceles: ‘Id también vosotros a la viña’.
»Al atardecer, dice el dueño de la viña a su administrador: ‘Llama a los obreros y págales el jornal, empezando por los últimos hasta los primeros’. Vinieron, pues, los de la hora undécima y cobraron un denario cada uno. Al venir los primeros pensaron que cobrarían más, pero ellos también cobraron un denario cada uno. Y al cobrarlo, murmuraban contra el propietario, diciendo: ‘Estos últimos no han trabajado más que una hora, y les pagas como a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el calor’. Pero él contestó a uno de ellos: ‘Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No te ajustaste conmigo en un denario? Pues toma lo tuyo y vete. Por mi parte, quiero dar a este último lo mismo que a ti. ¿Es que no puedo hacer con lo mío lo que quiero? ¿O va a ser tu ojo malo porque yo soy bueno?’. Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos».

En este año jubilar, queremos abrir nuestro corazón para recibir la misericordia de Dios, que se nos ofrece continua y generosamente, sin ningún condición previa por nuestra parte, solo porque Dios es misericordioso y nos ama. En esta tarde, vamos a ir contemplando durante cinco momentos, la relación de la Trinitad, en el dispendio de la misericordia, también nuestro papel en la acogida y entrega a los demás, y a una figura excepcional en reconocer la obra de la gracia de Dios en sí misma y en la historia.
Nuestra vida humana puede contarse de muchas maneras.
Hoy descubro, María, que también puedo contarla través de ti. Tarde te amé, aunque siempre estuviste presente.
Desde antes de nacer en este mundo; cuando estaba con mis hermanxs separados; detrás de mi primera conversión mientras daba mis primeros pasos a los brazos de mi Padre; la que escuchaba mis primeras peleas, y mediaba, aunque no te hablase a Ti; la que me dio la colleja que me llevo a mi segunda conversión (cosa que estoy seguro que le arrancaste, a base de suplicas, al Corazón de tu Hijo) y la que me llevo a mirarte por primera vez a los ojos y conocerte como Madre.
Hoy se cumplen 16 años en que, habiéndote reconocido, me consagré a ti.
Miremos hoy más allá de nuestros límites locales y tratemos de llegar a los cristianos que, en Oriente, sufren literalmente persecución por el mero hecho de confesar a Jesús como su Dios y Señor: para que experimenten el ánimo venido del cielo así como la solidaridad humana y el auxilio de las demás comunidades que llevan una vida pacífica en nuestro mundo “cristiano”. No olvidemos a los cristianos que sufren la “persecución silenciosa” de la discriminación o el aislamiento en ambientes donde se menosprecia la fe cristiana o se humilla a los creyentes de cualquier credo: para que su testimonio humilde pueda convertirse en una llamada a la tolerancia y el respeto.