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Sagrario, nombre de mujer [ ¡ o de varón ! ]

 

Gloria Fuertes, decía:

 

 

Aunque parezca mentira, Dios existe, es verdad. Nadie puede hacer a nadie creer en Dios. Hay que sentirlo uno mismo, porque resulta que está debajo de tu corbata, de tus zapatillas, detrás de la mirada de los hombres. Se puede enseñar aritmética, historia, filosofía, pero enseñar a creer en Dios a alguien que no cree… ¡qué error!

 

 

[…] Me lo presentó una amiguita del barrio, la primera persona que quise, sin ser de mi familia. Las miradas, los diálogos, los cantos, la felicidad que irradiaba esa chica traslucía algo que, aunque era tan humano y tan de aquí, tenía otro Aire, y ese Aire yo lo pondría con mayúscula. La primera vez que quise a alguien empecé a vislumbrar a Dios.

«Mi banquete está preparado, se han matado ya mis novillos y animales cebados, y todo está a punto; venid a la boda»

Texto del Evangelio (Mt 22,1-14): En aquel tiempo, Jesús propuso esta otra parábola a los grandes sacerdotes y a los notables del pueblo: «El Reino de los Cielos es semejante a un rey que celebró el banquete de bodas de su hijo. Envió a sus siervos a llamar a los invitados a la boda, pero no quisieron venir. Envió todavía a otros siervos, con este encargo: ‘Decid a los invitados: Mirad, mi banquete está preparado, se han matado ya mis novillos y animales cebados, y todo está a punto; venid a la boda’. Pero ellos, sin hacer caso, se fueron el uno a su campo, el otro a su negocio; y los demás agarraron a los siervos, los escarnecieron y los mataron. Se airó el rey y, enviando sus tropas, dio muerte a aquellos homicidas y prendió fuego a su ciudad.

»Entonces dice a sus siervos: ‘La boda está preparada, pero los invitados no eran dignos. Id, pues, a los cruces de los caminos y, a cuantos encontréis, invitadlos a la boda’. Los siervos salieron a los caminos, reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala de bodas se llenó de comensales. Entró el rey a ver a los comensales, y al notar que había allí uno que no tenía traje de boda, le dice: ‘Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de boda?’. Él se quedó callado. Entonces el rey dijo a los sirvientes: ‘Atadle de pies y manos, y echadle a las tinieblas de fuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes’. Porque muchos son llamados, mas pocos escogidos».

«Los últimos serán primeros y los primeros, últimos»

Texto del Evangelio (Mt 20,1-16): En aquel tiempo, Jesús dijo a los discípulos esta parábola: «El Reino de los Cielos es semejante a un propietario que salió a primera hora de la mañana a contratar obreros para su viña. Habiéndose ajustado con los obreros en un denario al día, los envió a su viña. Salió luego hacia la hora tercia y al ver a otros que estaban en la plaza parados, les dijo: ‘Id también vosotros a mi viña, y os daré lo que sea justo’. Y ellos fueron. Volvió a salir a la hora sexta y a la nona e hizo lo mismo. Todavía salió a eso de la hora undécima y, al encontrar a otros que estaban allí, les dice: ‘¿Por qué estáis aquí todo el día parados?’. Dícenle: ‘Es que nadie nos ha contratado’. Díceles: ‘Id también vosotros a la viña’.

»Al atardecer, dice el dueño de la viña a su administrador: ‘Llama a los obreros y págales el jornal, empezando por los últimos hasta los primeros’. Vinieron, pues, los de la hora undécima y cobraron un denario cada uno. Al venir los primeros pensaron que cobrarían más, pero ellos también cobraron un denario cada uno. Y al cobrarlo, murmuraban contra el propietario, diciendo: ‘Estos últimos no han trabajado más que una hora, y les pagas como a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el calor’. Pero él contestó a uno de ellos: ‘Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No te ajustaste conmigo en un denario? Pues toma lo tuyo y vete. Por mi parte, quiero dar a este último lo mismo que a ti. ¿Es que no puedo hacer con lo mío lo que quiero? ¿O va a ser tu ojo malo porque yo soy bueno?’. Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos».

«Un rico difícilmente entrará en el Reino de los Cielos… Entonces, ¿quién se podrá salvar?»

Texto del Evangelio (Mt 19,23-30): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Yo os aseguro que un rico difícilmente entrará en el Reino de los Cielos. Os lo repito, es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de los Cielos». Al oír esto, los discípulos, llenos de asombro, decían: «Entonces, ¿quién se podrá salvar?». Jesús, mirándolos fijamente, dijo: «Para los hombres eso es imposible, mas para Dios todo es posible». 
 
Entonces Pedro, tomando la palabra, le dijo: «Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué recibiremos, pues?». Jesús les dijo: «Yo os aseguro que vosotros que me habéis seguido, en la regeneración, cuando el Hijo del hombre se siente en su trono de gloria, os sentaréis también vosotros en doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel. Y todo aquel que haya dejado casas, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos o hacienda por mi nombre, recibirá el ciento por uno y heredará la vida eterna. Pero muchos primeros serán últimos y muchos últimos, primeros».

2016-08-11 «Celebramos Tu Misericordia»

 

En este año jubilar, queremos abrir nuestro corazón para recibir la misericordia de Dios, que se nos ofrece continua y generosamente, sin ningún condición previa por nuestra parte, solo porque Dios es misericordioso y nos ama.  En esta tarde, vamos a ir contemplando durante cinco momentos, la relación de la Trinitad, en el dispendio de la misericordia, también nuestro papel en la acogida y entrega  a los demás, y a una figura excepcional en reconocer la obra de la gracia de Dios en sí misma y en la historia.

Mi «Señora»

Nuestra vida humana puede contarse de muchas maneras.

Hoy descubro, María, que también puedo contarla través de ti. Tarde te amé, aunque siempre estuviste presente.

Desde antes de nacer en este mundo; cuando estaba con mis hermanxs separados; detrás de mi primera conversión mientras daba mis primeros pasos a los brazos de mi Padre; la que escuchaba mis primeras peleas, y mediaba,  aunque no te hablase a Ti; la que me dio la colleja que me llevo a mi segunda conversión (cosa que estoy seguro que le arrancaste,  a base de suplicas, al Corazón de tu Hijo) y la que me llevo a mirarte por primera vez a los ojos y conocerte como Madre.

Hoy se cumplen 16 años en que, habiéndote reconocido, me consagré a ti.

Lectio Divina 2016-08-14 LES DEJO LA PAZ. LES DOY MI PAZ…

Miremos hoy más allá de nuestros límites locales y tratemos de llegar a los cristianos que, en Oriente, sufren literalmente persecución por el mero hecho de confesar a Jesús como su Dios y Señor: para que experimenten el ánimo venido del cielo así como la solidaridad humana y el auxilio de las demás comunidades que llevan una vida pacífica en nuestro mundo “cristiano”. No olvidemos a los cristianos que sufren la “persecución silenciosa” de la discriminación o el aislamiento en ambientes donde se menosprecia la fe cristiana o se humilla a los creyentes de cualquier credo: para que su testimonio humilde pueda convertirse en una llamada a la tolerancia y el respeto.

«Pues bien, lo que Dios unió no lo separe el hombre»

Texto del Evangelio (Mt 19,3-12): En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos fariseos que, para ponerle a prueba, le dijeron: «¿Puede uno repudiar a su mujer por un motivo cualquiera?». Él respondió: «¿No habéis leído que el Creador, desde el comienzo, los hizo varón y hembra, y que dijo: Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos se harán una sola carne? De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Pues bien, lo que Dios unió no lo separe el hombre». 


Presumiendo de debilidades

Muy a gusto presumo de mis debilidades, porque así residirá en mí la fuerza de Cristo. Por eso vivo contento en medio de mis debilidades, de los insultos, las privaciones, las persecuciones y las dificultades sufridas por Cristo. Porque cuando soy débil, entonces soy fuerte (2Co 12,9b-10).