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Jueves Santo: día del amor fraterno

Yo conozco a los que he escogido decía Jesús. Nos conoce, nos conocemos, nos hemos escogido unos a otros. Pedimos querer tener el corazón y los sentimientos que se despiertan en Jesús y que fluyen y se conectan con nosotros. Frente al peso de una creciente responsabilidad, limpia nuestros miedos, limpia mis prejuicios, lo que limita nuestro encuentro con los demás para aprender a mirarnos unos a otros como Dios los mira. Somos muy limitados, sin ánimo de fijarnos en todo lo que hacemos mal, contemplamos el gesto tan físico de lavar los pies a los demás. Símbolo de humildad, de dejarse hacer, dejarse tocar el corazón. Con el deseo de sentir y experimentar que Dios siempre está ahí, comidos por el estrés de la vida diaria con el sentimiento de no estar a la altura, con no defraudar, prescindimos de nuestra autosuficiencia, en ocasiones física, dejándonos cuidar y lavar en lo que más nos limita, en lo que más nos cuesta aceptar de nosotros mismos.

Carta a María

 Hola María:

Hoy me permito, con tu permiso, dejar los asnos, mantas, palmeras y a la muchedumbre y sentarme, con mi Jesusito, a escribirte. (aún a pesar que en febrero de este año esta fiesta se ha pasado como solemnidad al 9 de abril)

I Fiesta de las familias: «Juntos acompañamos en la diversidad»

Este artículo es una crónica de la participación de CRISMHOM en la I Fiesta de las familias que tuvo lugar el 29 de octubre de 2017 como respuesta a la invitación de la Parroquia de Nuestra Señora de Milagro de San José (Salamanca). El título de esta fiesta es: «Nuestras familias: cultura del corazón. Juntos nos acompañamos en la diversidad». En particular, CRISMHOM participó en el taller «Soy gay/lesbiana. ¿Tengo sitio en la Iglesia?».

El otro Tomás

Me regalaron, de forma fortuita e inesperada, el libro “La Imitación de Cristo” de Tomas Kempis de edición 1949. Un libro que ya lleva 600 años en el mercado y que, a mi parecer, no ha sido igualado hasta la actualidad. Un alimento sólido para el alma que busca, que desea profundamente ENCONTRAR y que está dispuesta a vender todo para comprar el árido terreno donde el tesoro está oculto.

Llega nuevamente a mí, en plena cuaresma, como parte de la orquesta de la vida donde nosotrxs solo tocamos nuestro instrumento porque todo está dirigido por el gran Director.

Llega nuevamente a mí para recordarme que no solo de pan vive el hombre. Llega en medio de un tiempo donde todo se tiñe de cuaresma y de alegría pascual anticipada.

Gracias Dios!

2018-03-01 “EMPUJADOS POR EL ESPÍRITU EN EL DESIERTO CON JESÚS”

Monición introductoria 
Señor Jesús: Al iniciar tu vida pública , movido por el Espíritu Santo, te retiraste durante cuarenta días por el desierto donde fuiste tentado. Nosotros queremos retirarnos en la soledad de la noche para encontrarnos contigo, para hablarte y para llenarnos de ti. Son muchas las tentaciones que nos asaltan en nuestra vida.

Taller de crecimiento en la fe Effetá: «Descubriendo las bienaventuranzas con Jesús»

El taller Effetá  es una experiencia de crecimiento en la fe.

Effeta está orientado  principalmente al colectivo LGTBI, alejado o enfriado en la fe. El taller quiere suscitar el interrogante y la apertura a la fe. Se centra en el primer anuncio de la persona de Jesús, se proclama el amor de Dios y se invita a los participantes  a llevar una vida nueva, dinamizada por la presencia del Espíritu Santo. El taller pretende que los participantes  puedan vivir plenamente la vida abundante que da Jesús (Jn.10, 10).

Comentario al Evangelio desde fuera del armario de Ichthys. Quinto domingo de Cuaresma.

Nunca he tenido miedo a la muerte. Más bien tuve alguna vez miedo a la muerte de otros, de mis padres, mis hermanos, mis amigos… Pero soy consciente de que yo nunca tuve miedo a morir. Por el contrario, en mi adolescencia sí deseé mi muerte. En un retiro de esos que llevábamos a cabo durante el curso en el colegio donde estudiaba, el director espiritual empleó buen tiempo en abordar el tema moral, como si el sexto mandamiento fuera el pilar fundamental de la fe. Con dieciséis años ya era bastante consciente de mi identidad sexual, por mucho que hubiera asumido que ese fuera un terrible secreto que guardar, quizá para toda la vida. La discutible pericia pedagógica de aquel sacerdote me hizo sentir un ser despreciable, no ya para la sociedad entre la que se encontraban mis compañeros de clase, sino sobre todo ante Dios, para quien era un error, un indigno hijo suyo, un desviado, un degenerado.