Negocios con Dios
Estáse ardiendo el mundo […] No es tiempo de tratar con Dios negocios de poca importancia (Santa Teresa de Jesús, Camino de Perfección).
Estáse ardiendo el mundo […] No es tiempo de tratar con Dios negocios de poca importancia (Santa Teresa de Jesús, Camino de Perfección).
Las estrategias de Dios son el modo de cómo Dios actúa para conseguir lo que Él quiere a través de nuestra libertad. Es el «know how» de Dios (infinito saber de cómo hay que llegar al final contando con nuestra libertad y colaboración). Es importante entender sus estrategias “a posteriori” a
través de su proyecto vivido y experimentado día a día.
Aprovechamos este espacio para contar una historia de vida cotidiana, ocurrida en los Estados Unidos, de las que animan a tener confianza en el futuro. Cole Fox, un adolescente de Iowa, ha salido del armario ante su padre, que es también su entrenador de lucha libre, y que había tenido …
El fundamento de mi vida es aprender a aceptar que saber la voluntad de mi Señor no es fácil, que no acierto a atisbar más que torpes aproximaciones del plan de Dios en mi vida. El fundamento de mi vida es atender y acompañar a personas muy queridas que lo están pasando mal, aunque a veces sólo sea puntualmente. Es agradecer la salud de mi familia y disfrutar de su presencia. Es continuar con mi trabajo, sin claridad en cómo se articula el proyecto de Dios en él. El fundamento de mi vida es descubrir cómo Dios me ha creado prodigiosamente, con un montón de cosas maravillosas y otras que nunca me gustaron. Es aceptar que Dios también se sirve de acontecimientos desafortunados, con gran dolor, preocupación y esfuerzo, para hacernos crecer y mostrarnos quién es y cómo nos quiere. El fundamento de mi vida es reconocer que a veces dudo de cuál es el verdadero sentido de mi vida y gracias a eso sigo buscando.
Gracias, mi Señor, por concederme sueño y descanso. De reemplazar noches en vela por plácido sueño. Gracias por el don de comenzar un nuevo día descansado, con ganas de trabajar. Gracias por disfrutar en paz del silencio de no acabar de comenzar a dormir, sin inquietarme ante el temor de que la situación prosiga toda la noche. Al poco, la confianza y el cansancio dan paso a los primeros suspiros que más tarde se convirtieron en ligeros ronquidos. Gracias por contemplarme dormido, por el don del sueño y el descanso. Gracias, mi Señor.
Que tengas un gran día … a menos que tengas otros planes.
Esta mañana desperté emocionado con todas las cosas que tengo que hacer antes que el reloj sonara.
Tengo responsabilidades que cumplir hoy. Soy importante. Mi trabajo es escoger qué clase de día voy a tener.
Hoy puedo quejarme porque el día está lluvioso … o puedo dar gracias porque las plantas están siendo regadas.
Hoy me puedo sentir triste porque no tengo más dinero … o puedo estar contento porque mis finanzas me empujan a planear mis compras con inteligencia.
Hoy puedo quejarme de mi salud … o puedo regocijarme de que estoy vivo.
Hoy puedo lamentarme de todo lo que mis padres no me dieron mientras estaba creciendo … o puedo sentirme agradecido de que me permitieran haber nacido.
Hoy puedo llorar porque las rosas tienen espinas … o puedo celebrar que las espinas tienen rosas.
LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS 23, 35-48Que siempre que se piense en Cristo, nos acordemos del amor con que nos hizo tantas mercedes y cuán grande nos le mostró Dios en darnos tal prenda del amor que nos tiene: que amor saca amor. Y aunque sea muy a los principios y nosotros muy ruines, procuremos ir mirando esto siempre y despertándonos para amar; porque si una vez nos hace el Señor merced que se nos imprima en el corazón este amor, sernos ha todo fácil y obraremos muy en breve y muy sin trabajo (Libro de la Vida, Santa Teresa de Jesús).

A modo de entrada.
Todos nosotros somos un poco Tomás, nos cuesta aceptarlo pero en algún sitio de nuestra alma sigue la duda; tampoco es una cuestión de fácil respuesta, han pasado los siglos, tenemos textos traducidos y traducidos, desgastados.
Pero nuestro corazón sabe, se estremece ante la presencia intuida, como los de Emaús sentimos y sabemos, aunque no lo sepamos decir bien, es lo inefable, sabemos, pero no lo sabemos decir.
No sabemos decir con las palabras, lo sabemos en el fondo de nuestro corazón, que el Señor vive, que ya no muere mas, lo sabemos porque nos lo dice el Espíritu, lo sabemos y lo sentimos, no necesitamos tocar las llagas, no necesitamos verlas; a la pregunta de Jesus: ¿Quién soy Yo para vosotros…? la lengua no sabe responder, pero el Espíritu nos lo dice: “Tu eres el Hijo de Dios vivo, el Cristo”.
Dios nos libre, por su Pasión, de decir ni pensar, para detenerse en ello, «si soy más antigua», «si he más años», «si he trabajado más», «si tratan a la otra mejor». Estos pensamientos, si vinieren, es menester atajarlos con presteza; que si se detienen en ellos, o lo ponen en plática, es pestilencia y de donde nacen grandes males (Camino de Perfección, Santa Teresa de Jesús).