Amigos y compañeros en el Señor
Viviendo dispersamente, sin compañía, Dios confía en la persona fomentando el discernimiento personal. Siguiendo a Dios pobre y humilde. Sin lugar para reclinar la cabeza, ofreciendo servicios de balde, sin llamar la atención material. Nos hacemos amigos y compañeros en el Señor.
El año litúrgico está a punto de terminar, al igual que el evangelio de Lucas, que ha sido nuestro hilo conductor a lo largo del ciclo C. También se acerca Jesús al su propio final: está a un paso de dar cumplimiento a su misión por medio de la muerte… y la resurrección.

