Deja por un momento tus ocupaciones habituales. Entra un instante en ti mismo. Apártate del tumulto de tus pensamientos. Arroja lejos de ti las preocupaciones que te agobian. Y aparta las inquietudes que te oprimen.
Reposa en Dios un momento, descansa siquiera un instante en él. Entra en lo profundo de tu alma. Cierra la puerta de tu habitación y búscalo en silencio.
Di con todas tus fuerzas al Señor: “Busco tu rostro, Señor”, y ahora, Dios mío, enséñame dónde y cómo tengo que buscarte, dónde y cómo te encontraré ….
Señor, tú eres mi Dios, tú eres mi Señor y nunca te he visto. He sido creado para verte, y todavía no he podido alcanzar el fin para el que fui creado …
Míranos, Señor, escúchanos, ilumínanos, muéstrate a nosotros. Calma nuestros deseos y seremos felices. Sin ti todo es hastío y tristeza. Ten piedad de nuestros esfuerzos para llegar a ti, ya que sin ti nada podemos.