Póster del dormitorio.
Cuando yo tenía un cuerpo niño circulaban revistas de moda, música, coches y entretenimiento en cuyas páginas centrales había un póster. Abrías las grapas y luego lo ponías con cuatro tachuelas en una pared de tu habitación, si es que te dejaban. Después me he dado cuenta de que todo eso, que vivía con inconsciencia, bien pudo ser una gran suerte. Una infancia razonablemente feliz. Intuyendo que ya tenía algo distinto que habría de surgir.