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Aprendiendo a ser

¿Quién soy? ¿Cómo ser quien soy? Primero, ¿cómo reconocerme? No quien creo o quiero ser, sino ¿cómo reconocer que efectivamente soy yo? Reconocerme en mi más pura esencia, en aquello que sé que soy sin lugar a dudas, en lo que quiero ser, en lo que doy gracias por ser. Segundo, mirarme y recrearme en que así soy y ¡qué gran suerte! ¡Qué inmenso regalo y tesoro ser así! Tercero, ya me veo, ya me siento, ya supe y sé que indudablemente soy yo. Por fin, quiero aprender y disfrutar a a ser quien soy. No siempre acertaré con las cosas. Sin embargo, más importante que acertar es aprender a ser.

«¿Quién dice la gente que soy yo? (…) Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?»

Día litúrgico: Viernes XXV del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Lc 9,18-22): Sucedió que mientras Jesús estaba orando a solas, se hallaban con Él los discípulos y les preguntó: «¿Quién dice la gente que soy yo?». Ellos respondieron: «Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que un profeta de los antiguos había resucitado». Les dijo: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». Pedro le contestó: «El Cristo de Dios». Pero les mandó enérgicamente que no dijeran esto a nadie. Dijo: «El Hijo del hombre debe sufrir mucho, y ser reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser matado y resucitar al tercer día».

Bendita

Bendita Incertidumbre…  

ondulante fluctuación de espacio y de tiempo.

¿Dónde te lleva?

¿Dónde va?

Delicioso misterio…

¿Quién se atreve a crucificarse,

tomándola suavemente de la cintura,

sin más consuelo que el vivo sentimiento de estar siendo?

¡Sorpresa de lo Divino!

¡Huella del propio paso por la eternidad!

¡Explosión del misterio más arcano de la vida!

«No he venido a llamar a justos, sino a pecadores»

Día litúrgico: 21 de Septiembre: San Mateo, apóstol y evangelista

Texto del Evangelio (Mt 9,9-13): En aquel tiempo, cuando Jesús se iba de allí, al pasar vio a un hombre llamado Mateo, sentado en el despacho de impuestos, y le dice: «Sígueme». Él se levantó y le siguió. Y sucedió que estando él a la mesa en casa de Mateo, vinieron muchos publicanos y pecadores, y estaban a la mesa con Jesús y sus discípulos. Al verlo los fariseos decían a los discípulos: «¿Por qué come vuestro maestro con los publicanos y pecadores?». Mas Él, al oírlo, dijo: «No necesitan médico los que están fuertes sino los que están mal. Id, pues, a aprender qué significa aquello de: Misericordia quiero, que no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores».

«Mi madre y mis hermanos son aquellos que oyen la Palabra de Dios y la cumplen»

Día litúrgico: Martes XXV del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Lc 8,19-21): En aquel tiempo, se presentaron la madre y los hermanos de Jesús donde Él estaba, pero no podían llegar hasta Él a causa de la gente. Le anunciaron: «Tu madre y tus hermanos están ahí fuera y quieren verte». Pero Él les respondió: «Mi madre y mis hermanos son aquellos que oyen la Palabra de Dios y la cumplen».

No niegues un favor a quien lo necesita

Hijo mío, no niegues un favor a quien lo necesita,

si está en tu mano hacérselo.

Si tienes, no digas al prójimo:

«Anda, vete; mañana te lo daré».

No trames daños contra tu prójimo,

mientras él vive confiado contigo;

no pleitees con nadie sin motivo,

si no te ha hecho daño;

no envidies al violento,

ni sigas su camino;

porque el Señor aborrece al perverso,

pero se confía a los honrados (Proverbios 3, 27-30).

«Pone (la lámpara) sobre un candelero, para que los que entren vean la luz»

Día litúrgico: Lunes XXV del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Lc 8,16-18): En aquel tiempo, Jesús dijo a la gente: «Nadie enciende una lámpara y la cubre con una vasija, o la pone debajo de un lecho, sino que la pone sobre un candelero, para que los que entren vean la luz. Pues nada hay oculto que no quede manifiesto, y nada secreto que no venga a ser conocido y descubierto. Mirad, pues, cómo oís; porque al que tenga, se le dará; y al que no tenga, aun lo que crea tener se le quitará».

Heridas

Confundidxs a veces, creemos que sanar nuestras heridas depende de hablar de espiritualidad y llenarnos de cosas espirituales. Muchas veces este es el camino de la negación o del escapismo. Muy al pesar de algunxs, la teología no invalida la psicología.

Sanar nuestras heridas depende de MIRARNOS, aunque duela, TRABAJARNOS, CAMBIAR CONDUCTAS  y sumergirnos en el valiente propósito de CONVERTIRNOS  en el hombre o mujer que deseamos SER.

«No podéis servir a Dios y al dinero»

Día litúrgico: Domingo XXV (C) del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Lc 16,1-13): En aquel tiempo, Jesús decía también a sus discípulos: «Había un hombre rico que tenía un administrador a quien acusaron ante él de malbaratar su hacienda; le llamó y le dijo: ‘¿Qué oigo decir de ti? Dame cuenta de tu administración, porque ya no podrás seguir administrando’. Se dijo a sí mismo el administrador: ‘¿Qué haré, pues mi señor me quita la administración? Cavar, no puedo; mendigar, me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer, para que cuando sea removido de la administración me reciban en sus casas’. 

«Lo que cae en buena tierra, son los que (…) dan fruto con perseverancia»

Día litúrgico: Sábado XXIV del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Lc 8,4-15): En aquel tiempo, habiéndose congregado mucha gente, y viniendo a Él de todas las ciudades, dijo en parábola: «Salió un sembrador a sembrar su simiente; y al sembrar, una parte cayó a lo largo del camino, fue pisada, y las aves del cielo se la comieron; otra cayó sobre piedra, y después de brotar, se secó, por no tener humedad; otra cayó en medio de abrojos, y creciendo con ella los abrojos, la ahogaron. Y otra cayó en tierra buena, y creciendo dio fruto centuplicado». Dicho esto, exclamó: «El que tenga oídos para oír, que oiga».