VI Congreso CRISMHOM 2017-19: ecumenismo y liturgia
A continuación se adjuntan los materiales elaborados en el VI Congreso de CRISMHOM para el período 2017-19:
A continuación se adjuntan los materiales elaborados en el VI Congreso de CRISMHOM para el período 2017-19:
¡Quiero un trasplante de corazón!
El mío no funciona como debe.
Introducción:
“Jesús nos da una esperanza viva”.
“La buena noticia de la Resurrección debería reflejarse en nuestro rostro, en nuestros sentimientos y actos, en el modo en cómo tratamos a los otros”.
“Nosotros anunciamos la resurrección de Cristo cuando su luz ilumina los momentos oscuros de nuestra existencia y podemos compartirla con los otros: cuando sabemos reír con quien ríe, y llorar con quien llora; cuando caminamos junto a quien está triste y está a punto de perder la esperanza, cuando contamos nuestra experiencia de fe a quien está en la búsqueda de sentido y de felicidad”.
Añadida a mi anterior ristra de enero del diciséis. Papelillos donde apunto ocurrencias [ ¿iluminaciones? ] Tres o cuatro de esos papelillos pasaron a la lavadora
―oh, el aburrimiento de cada parte de las tareas domésticas: sacar la ropa, mirar los bolsillos, separar lo blanco, cerrar puerta, echar detergente…Marta, Marta, Marta. Quiero ser María, ¡o Lázaro! pero me toca ser Marta―
Se salvó este. Mal, porque no os debo dar palabras, sino obras. Además, estas chorradas son repetidas, seguro que alguien las ha pensado, voceado, escrito, y yo aquí reinventando la rueda.
ABOMINACIÓN DE LA DESOLACIÓN
Hace mucho tiempo que al mirar las estrellas del cielo, recuerdo que Dios cumple su palabra, a veces de forma extraña y nueva.
Pasada esta Semana Santa donde la figura de Jesús lo abarca todo, quiero regresar a las figuras olvidadas que precedieron a Jesús.
Creo en Jesús como Hijo, parte de la Trinidad, como sujeto histórico y carnal, que trajo una nueva visión de la palabra de Dios, y como Maestro y Señor. Pero en mi día a día, también la figura de los antiguos profetas, me ayudan a comprender más a mi Dios desconocido.
La resurrección de Jesús no es el final feliz de una historia. Con la resurrección todo continúa. O mejor, todo comienza de nuevo. Así se comprende que los apóstoles que “despiden” a Jesús de esta tierra, reciban este reproche: “¿qué hacéis ahí mirando al cielo?” (Hech 1,11). No hay nada que contemplar. Solo nubes. De lo que se trata es de volver a Jerusalén y comenzar la misión, anunciar que Jesús ha resucitado, que vive y permanece, por medio de su Espíritu, entre los suyos. No se trata solo de que su causa continúa. Precisamente porque está vivo puede ponerse al frente de la causa.
Si algo he aprendido de estas décadas de caminar en la fe, es que Todo se cumple.
Más temprano o más tarde. De forma literal o con sentido nuevo. Con carga ligera o con pesada cruz.
Todo se cumple.
Hoy Cristo ha resucitado.
Hoy se abre la posibilidad que aceptemos resucitar con Él.
Si no aceptamos, mañana Él volverá a golpear la puerta.
Y si mañana no aceptamos, golpeará al siguiente día y al siguiente y al otro y al otro, en un ciclo sin fin.
Porque está VIVO y Jesús nos quiere consigo, compartiendo el banquete del cielo.
Hay días y días en la vida.
Pero el sabado santo tiene un matiz fundamental: un dia donde en el mundo no hay sagrarios ni misas.
Un dia en que el mundo y la naturaleza se sumerge en un silencio oscuro.
Los pajaros no cantan igual, el aire no se mueve igual, el día no es igual.
La existencia se convierte en un cuerpo sin alma. Su ser y esencia se esconde este dia.
Gracias que siempre queda reposar junto a Maria en este día.
Acompañarla, comprender junto a ella la oscuridad de la fe y cubrirse del frio con su manto.
El cuarto evangelio pone en boca de Jesús estas acertadas palabras: “me han odiado sin motivo” (Jn 15,25). Jesús mismo, según este evangelio, explica la razón de este odio sin motivo: “haber hecho obras que no ha hecho ningún otro”. En efecto: cuando uno solo hace el bien, rechazarle parece el triunfo de la sin razón. El odio, como el amor, es ciego, pero de diferente manera: mientras el amor disculpa sin límites porque “no toma en cuenta el mal” (1 Cor 13,5), el odio, viendo las buenas obras, es incapaz de ver el más mínimo bien.