Disciplinado a conocer la voluntad de Dios
Estando Francisco Javier junto a la iglesia de Santo Tomás en un barrio de Madrás (La India), rezaba y se disciplinaba por la noche en una caseta adosada a la iglesia pidiendo luz para ver la voluntad de Dios […] Una noche su criado se despertó escuchándole gritar implorando a la Virgen muchas veces: «¿Señora, non me habéis de valer?», como hizo Ignacio en la Storta, «rogando a la Virgen que le quisiere poner con su Hijo». Quedóse indispuesto dos días, pero la luz que pedía le vino al fin y escribió a sus compañeros de Goa: «En esta casa tomé por oficio ocuparme en rogar a Dios nuestro Señor me diese a sentir dentro de mi alma su santísima voluntad, con firme propósito de cumplirla. Quiso Dios por su acostumbrada misericordia, acordarse de mí; y con mucha consolación interior sentí y conocí ser su voluntad fuera yo a aquellas partes de Malaca».
Frente a los restos de San Pedro Claver, defensor de los esclavos negros africanos traídos a Cartagena de Indias, iniciador y precursor de la defensa de los derechos humanos, pido a este gran y querido santo que por su intercesión nos haga encontrar cauces y caminos concretos en nuestra vida para hacernos sensibles, acogedores y servidores de los pobres y excluidos.
En aquel tiempo, Jesús se marchó y se retiró al país de Tiro y Sidón. Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle:
LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO 14, 13- 21