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Encuentro con un acontecimiento

Hemos creído en el amor de Dios: así puede expresar el cristiano la opción fundamental de su vida. No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva (Encíclica «Dios es amor» de Benedicto XVI).

Sobre la providencia

La providencia divina es Dios actuando a través de nuestras manos. La providencia no es casualidad, es el abandono a ser cuidados por Dios a través de los que nos rodean. La providencia no nos deja solos aunque no siempre nos trae lo que queremos, sino lo que necesitamos. Nos enseña a acoger lo que venga, aunque no sea lo que queramos. Es la vivencia del abandono que nos enseña a aceptar y agradecer lo que venga, como a aprender a pedir. Pensamos que vivimos en un mundo insolidario e individualista. La providencia nos abre a la bondad y generosidad de la gente, que supera ampliamente el pesimismo individualista de nuestra sociedad.

En memoria de papá

Un amigo colombiano me avisó de que quería recordar a su padre en el tercer aniversario de su muerte. Llamó a algunos amigos y les convocó para ir sencillamente a misa juntos un domingo por la tarde. Vino una pareja con dos niños. El más pequeño comenzó a gritar al comienzo de la misa y sin apenas conocerle ni a él ni a sus padres, lo tomé en mis brazos y le di un beso. Sólo tenía dos años. Él se calló y empezó a mirar las figuras de alrededor. Tras unos minutos se lo devolví a su padre más calmado. Al terminar la misa su hermano mayor entró en una capilla aledaña. El silencio denotaba un fuerte clima de oración. Yo me fui detrás de él y cuando comenzaba a romper el silencio le susurré al oído: «Mira, toda esta gente está rezando». Él con una sonrisa se puso a rezar el Padrenuestro. Cuando terminó nos fuimos a tomar un chocolate porque el que nos convocó quiso invitarnos. Tras una breve puesta al día, risas, comentarios, pajaritas de papel y juegos, nos despedimos con un abrazo de agradecimiento por haber querido compartir con el que nos convocó, aquella misa en memoria de su padre.

Otoño en colores

El misterio oculto del otoño es que cuando la «vida» muere, sus colores internos se muestran. Algo similar ocurre en nuestro interior cuando dejamos ir a nuestro yo de aislamiento, desconexión y egoísmo. En lenguaje religioso, tenemos que dejarnos morir a nuestro ego, a buscar nuestro propio interés, para volver a «nacer de nuevo» a una realidad mayor, más relacional, compasiva y divina.

Un estudio italiano muestra que los grupos LGTB cristianos disminuyen la homofobia internalizada de sus miembros

Interesante resultado el de un estudio llevado a cabo en Italia y que muestra cómo los gays y lesbianas que asisten a grupos LGTB cristianos ven disminuir su propia homofobia internalizada. Un hecho que viene a reforzar la tesis de que una pastoral basada en la afirmación de la identidad y su inclusión resultaría positiva para las personas LGTB católicas. …

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Roca y fortaleza mía

Yo te amo, Señor, mi fuerza, Señor, mi Roca, mi fortaleza y mi libertador. Mi Dios, el peñasco en que me refugio, mi escudo, mi fuerza salvadora, mi baluarte.

Invoqué al Señor, que es digno de alabanza y quedé a salvo de mis enemigos. ¡Viva el Señor! ¡Bendita sea mi Roca!

¡Glorificado sea el Dios de mi salvación, Él concede grandes victorias a su rey y trata con fidelidad a su Ungido (Salmo 18).

Lectio Divina 2014-10-26: El mandamiento más grande

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO 22, 34-40
 
En aquel tiempo, los fariseos, al oír que Jesús habla hecho callar a los saduceos, formaron grupo, y uno de ellos, que era experto en la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba:
 
— Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?
 
Él le dijo:
 
–“Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser.» Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo.» Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los profetas.
 
Palabra del Señor
 
 

Mediador providencial

Hace unos días regresaba de una excusión cuando recibía un mensaje de un gran amigo mío anunciándome que la madre de una amiga suya había fallecido. Tuve que hacer memoria porque la había conocido unas semanas antes en la fiesta de cumpleaños de mi amigo. Estuve hablando un buen rato con ella pero tuve que pedir algún detalle más para confirmar que efectivamente era ella. Mi amigo me pidió que me fuera al tanatorio y la acompañara en su nombre. Al principio me sentí descolocado sin saber qué hacer. Era tarde, estaba cansado. Después pensé que son estas cosas las que hacen de mi amigo algo excepcional y fui sin pensarlo. Estando allí, me sentí un mediador, un emisario de amor y consuelo que terminó consolando también en nombre propio. Ese día reconozco haberme hecho medio real del amor de Dios.