Sobre la sabiduría
Bienvenida
Muy querido Señor, concédenos la prudencia, la sabiduría que proviene de entrar en contacto contigo. Haznos conocer la brevedad de nuestra vida para que alcancemos sabiduría de corazón. Enséñanos a ser sensatos, a que apreciemos tu sabiduría, tu sensatez y tu prudencia más que cetros y tronos; más que la belleza; más incluso que la propia salud. Que sea tu sabiduría y tu sensatez la luz que alumbre nuestra vida, el resplandor que no tiene ocaso, el brillo interno de nuestros ojos.
Sabiduría 7, 7-11
Supliqué, y se me concedió la prudencia; invoqué, y vino a mí el espíritu de sabiduría.
La prefería a cetros y tronos, y, en su comparación, tuve en nada la riqueza.

Cuando un niño nace, acapara toda la atención. Este tiempo es la etapa final del embarazo. Un niño nace y acampa entre nosotros. Viene a compartir, a hacerse nuevamente uno de nosotros hasta la venida final del Señor. El inicio de nuestro Señor omnipotente es el de un niño indefenso que sólo puede subsistir con nuestros cuidados.