¡¡Feliz Año Nuevo!!
En el último día del año quiero dar gracias infinitas por la salud de mi familia, en especial la de mis padres. Porque tengo personas muy próximas que no han tenido esa suerte. A todas ellas mucha esperanza y ánimo para el Año Nuevo. Gracias porque algunas cosas importantes no se han desarrollado como habíamos previsto, pero hemos salido adelante con estusiasmo y alegría con el convencimiento de que hay sueños de felicidad que nos pueden hacer mucho más felices que los que soñamos cada uno. Gracias porque muchos conocidos o no tan conocidos han estado ahí cuando los hemos necesitado y porque también nosotros hemos sabido estar paciente y silenciosamente cuando nos han necesitado. Gracias porque la vida cotidiana se ha llenado de momentos intensos, duros y gozosos, que nos hacen sentir que estamos vivos, que nuestro corazón late y que circula sangre por nuestras venas.
En la oración del 24 de diciembre de 2014, se leyó la carta de felicitación de Santiago Agrelo, obispo de Tánger. “No temáis, os traigo la buena noticia, la gran alegría para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un salvador, el Mesías, el Señor”. “Fijaos en vuestra asamblea: no hay en ella muchos sabios en lo humano, ni muchos poderosos, ni muchos aristócratas; sino que, lo necio del mundo lo ha escogido Dios para humillar a los sabios, y lo débil del mundo lo ha escogido Dios para humillar lo poderoso. Aún más, ha escogido la gente baja del mundo, lo despreciable, lo que no cuenta, para anular a lo que cuenta, de modo que nadie pueda gloriarse en presencia del Señor”.
DEL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS 1, 26- 38