Lectio Divina 2015-04-26: «Yo soy el buen pastor, y doy la vida por mis ovejas»

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN 10, 11- 18
 
En aquel tiempo dijo Jesús:
 
— Yo soy el buen pastor. El buen pastor da la vida por las ovejas; el asalariado, que no es pastor ni dueño de las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; y el lobo hace estragos y los dispersa; y es que a un asalariado no le importan las ovejas. Yo soy el buen pastor, que conozco a las mías y las mías me conocen, igual que el Padre me conoce y yo conozco al Padre; yo doy mi vida por las ovejas. Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil; también a ésas las tengo que traer, y escucharán mi voz y habrá un solo rebaño, un solo Pastor. Por eso me ama el Padre: porque yo entrego mi vida para poder recuperarla. Nadie me la quita, sino que yo la entrego libremente. Tengo poder para quitarla y tengo poder para recuperarla. Nadie me la quita, sino que yo la entrego libremente. Tengo poder para quitarla y tengo poder para recuperarla. Este mandato he recibido de mi Padre.
 
Palabra del Señor
 
 

[or] Otras lecturas: Hechos 4:8-12; Salmo 118:1, 8-9, 21-23, 26, 28, 29; 1 Juan 3:1-2

 

Lectio:

            Los tres domingos que preceden a la Ascensión del Señor presentan tres imágenes para expresar la relación de Jesús con sus discípulos: pastor y ovejas, vid y sarmientos, y amo y amigos, ¡no esclavos! Veremos, paso a paso, el contenido de dichas imágenes. Hoy, el domingo llamado tradicionalmente “del Buen Pastor”, exige especial atención, porque la imagen es más honda y compleja de lo que puede parecer a primera vista.

            En primer lugar, el oficio real desempeñado por los pastores en Oriente Medio dista mucho de la imagen apacible y bucólica que tenemos. Los pastores tenían que vivir en condiciones muy duras de aislamiento en el monte, alejados de los humanos ; rara vez eran dueños de los rebaños,  sino asalariados, de tal modo que su preocupación por las ovejas era un tanto “relativa”, aunque tuvieran que estar dispuestos a defender el rebaño (y a sí mismos) frente a ladrones y alimañas… La ternura y el afecto no eran los rasgos más adecuados para describirlos. Así podemos entender lo extraordinario que resulta verlos entre los primeros que reconocen la presencia de Dios en un recién nacido acostado en un pesebre (Lucas 2:8-20). Y eso explica también por qué se define Jesús, no como un pastor sin más, sino como ¡el “buen” pastor!

            Con todo, la imagen se utilizó tradicionalmente para describir a los reyes, los sacerdotes y los dirigentes en general, ya que se consideraba que su tarea consistía en “conducir” y “pastorear” al pueblo. Eso, claro está, implicaba también la posibilidad del abuso, tal como vemos en la parábola de Ezequiel (cap. 34), donde el profeta contrasta el papel de los “malos” pastores de Israel con el de Dios, según lo presenta tanto este texto como el Salmo 23.

            Llegamos por fin a Jesús, “Buen Pastor”. En el pasaje de Juan (10:1-18) se utilizan casi “sistemáticamente” dos ideas respecto a Jesús y a sus ovejas: él las “conoce” incluso por su nombre, y ellas le “conocen”, “reconocen su voz”, “le siguen”, y ese conocimiento mutuo refleja la comunión que existe entre el Padre y Jesús (10:3, 4, 5, 8, 14 y 15); además, él ha venido para que las ovejas “tengan vida, y para que la tengan en abundancia” (10:10), aunque eso implique “dar su vida por ellas” (10:11, 15, 17, 18 y 19). Si intentamos profundizar en el contenido real de las imágenes, la visión que obtenemos es totalmente distinta del cliché manido que con excesiva frecuencia hallamos en nuestros devocionarios y sermones piadosos. En el pasaje, Juan usa otra imagen referida a Jesús, la “puerta” (10:1-5, 7-9): las ovejas pueden entrar y salir del redil libremente, sin coacciones ni impedimentos. Ese espíritu de libertad coincide, además, con la actitud que espera Jesús de los discípulos en un momento crucial, cuando algunos de sus seguidores empiezan a abandonarle: “¿También ustedes quieren irse?” (Juan 6:66-69), así como con su actitud respecto a su propia misión: “Nadie me quita la vida, sino que yo la doy por mi propia voluntad” (10:18). No cabe, pues, ninguna actitud “ovejuna” en los planes de Dios ni en la manera en que Jesús o sus discípulos deban aceptarlos. Sólo desde una posición de libertad madura y responsable deben los discípulos seguir a Jesús, igual que él obedece libremente al Padre.

            Hay todavía otras alusiones al “conocimiento” en las lecturas de hoy. En Hechos, Pedro es consciente de que tiene que dar a conocer a los dirigentes religiosos que si el mendigo paralítico fue “sanado” y “salvo” (el verbo griego tiene ambos significados) fue en virtud y en nombre de Jesús, la piedra angular que ellos, “pastores asalariados”, no fueron capaces de reconocer. Y en la carta de Juan, saber que somos hijos de Dios no es más que el comienzo hacia un nuevo conocimiento de aquello a lo que estamos llamados a ser.

            Como verás, no he dicho nada de que el “Buen Pastor” y el “Cordero que quita el pecado del mundo” son el mismo Jesús… Baste con esta alusión a una de las paradojas a las que ya estamos acostumbrados.

 

Meditatio:

            Las imágenes usadas en los textos de Hoy deberían invitarnos a plantearnos preguntas muy serias en torno a nuestra idea de Jesús como piedra angular, pastor y puerta, y sobre nuestra manera de relacionarnos con él. Como de costumbre, algunas preguntas. ¿Es Jesús nuestra verdadera piedra angular, el cimiento sobre el que edificamos nuestra vida? ¿O nos apoyamos en otras bases “sólidas” como el dinero, la situación social o profesional, incluso en ciertos niveles de las estructuras eclesiales como la parroquia o la comunidad? Convendría volver a leer y comparar Mateo 7:24-27 y Lucas 6:46-49. ¿Cómo nos comunicamos con Jesús? ¿Reconocemos su voz, o seguimos con más presteza el consejo de los pastores “asalariados”? ¿Somos conscientes de que entregó su vida por nosotros, y que es eso lo que nos convierte en “hijos de Dios”? ¿Somos conscientes de la dignidad que conlleva el título de “hijo de Dios” que se nos otorgó mediante el bautismo?

 

Oratio:

            Elevemos hoy nuestras voces para rezar por el rebaño cristiano universal: para que los pastores sean fieles al estilo de Jesús, “Buen Pastor”, en su ministerio a favor de las ovejas  a ellos confiadas; y para que las ovejas profundicen en su conocimiento de Jesús, de su voz y de su llamamiento a seguirle con una actitud libre y madura.

 

Contemplatio:

            Cuando Jesús vio a las gentes “cansada y abatidas, como ovejas que no tienen pastor”, sintió compasión por ellas (Mateo 9:35-38; Marcos 6:34). Según Mateo, su reacción fue invitar a los discípulos a que pidieran al dueño de la cosecha que les enviara operarios. Según Marcos, se puso a “enseñarles muchas cosas” (la palabra, primero), y a continuación multiplicó el pan y el pescado para que no desfallecieran. Vuelve a leer los dos pasajes, se consciente de tu propia “condición sacerdotal” como cristiano bautizado, independientemente de tu papel oficial en la Iglesia, y busca la manera de ser ministro de la palabra y la misericordia de Jesús en tu propio “campo”.

Reflexiones escritas por el Rvdo. D. Mariano Perrón,

Sacerdote católico,

Arquidiócesis de Madrid, España


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