Numerismos

 

 

¡Monet!

¡Claude, contigo empezó todo!

 

 

 

 

 

Quienes se dedican a escribir pensar más que al deporte―mal hecho: vida muscular fofa poco sana― inflan como burbujas nuevos conceptos. Uno de los burbujeos más ubérrimos es el de la nominalización de verbos.

 

Así, del verbo comer: sustantivo la ingestión.

De abstraer el adjetivo abstracto: la abstracción, nombre.

Del hacer: la acción y el actor.

De inflar, la inflación, con una ce y el inflador.

 

Con este cuadro de Monet alguien tuvo la ocurrencia de pegarle con pegamento el -isme, impressionisme.

De impresionar > impresión > impresionismo

 

Y de ahí empezaron los -ismos. No digo los artísticos, cubismo, fauvismo, atonalismo, perspectivismo. Digo los filosóficos, sociales, psiquicos. Empezaron a chorrear como hemorragias, perdimos la cuenta de los que había que aprenderse.  Algunos con fortuna se establecieron para quedarse: racismo,

clasismo

esnobismo

colectivismo, capitalismo, esclavismo.

 

 

 

Son demasiados -ismos y algunos suenan feos.

 

Hay uno que os recomiendo. Yo no digo homosexualismo, ni homosexualidad. Me parecen salidos del DSM-4. Prefiero decir gaísmo.

 

Así que he tenido una ocurrencia, numerar los ismos. Para que no suenen feos sustituyo el nombre por algún número.

Poema guapo de Luis Eduardo Cirlot, sesenta y siete versos en recuerdo de dadá.

 

 

Calles numeradas en Manhattan, NYC

 

Las cifras más adecuadas son el tres y el nueve, suenan mejor antes del sufijo -ismo. ¡Y no me salgáis con la broma del 5 por favor! Hagamos así como pasa en las calles de Manhattan, numeradas para gastar menos memoria y facilitar el mapa mental. Numerar los -ismos.

 

***

3

tresismo

 

Uno de los peores es el relativismo que a mí no me gusta llamarlo así porque es hacerle un feo a Alberto Einstein y porque las fuentes latinas, referus, relatus, significan relacionado; no van con el sentido que mucha gente les está dando dar ahora. Que es el de intercambiabilismo, o mejor, intercambismo. A mí no me gusta el intercambismo: pues tu opinión contra la mía. ¿Que tú dices que hoy es jueves? Pues yo digo que no, que es domingo. Tu palabra contra la mía. Verdad fluida.

 

El ejemplo que suelo poner contra el intercambismo, que la gente lo llama relativismo, es la conversación de una madre con su niña de cuatro años negociando qué le gustaría cenar, intentando convencerla de evitar los chicles, las gominolas, el chocolate azucarado. Intentando que sí, que cene y que deje de jugar. Pues no: recoges los juguetes, te lavas las manos, te sientas y te cenas lo que he preparado, y si no te gusta educas el gusto. Que yo también he sido niña y no tengo trauma infantil por aquello. No es despotismo ilustrado ni paternalismo. Es lo normal. Si parece jerárquico pues que lo parezca.

 

Pero como intercambiabilismo es impronunciable lo podemos llamar tresismo.

El relativismo o intercambismo está bien criticado en este magnífico y pequeñito libro.

 

 

 

Xavier Grau Castelló es un profesional del namimg, del «nombreo». Las marcas claman gritando por un nombre fácil, casi siempre con alguna uve doble, rápido de teclear y recordar. Depende su negocio de ello. Los filósofos también lo necesitan. He tenido esta ocurrencia de usar los números porque no tengo otra mejor y no soy tan bueno como Xavier nombrando. Los peores eran aquellos filósofos alemanes plúmbeos que te parían conceptos de veintitantas letras. Hoy inaceptable. Adán puso nombre a los animales, Génesis dos dieciocho, pero no cita ahí a las plantas, minerales o estrellas. Los animales son el simbolismo de los verbos, acciones. De las emociones, los caracteres humanos que proyectan.

 

Vuelta más de tuerca. Los relativistas se han comprado una frase fácil. Argumentan con  «…es que por esa regla de tres…»

 

Es que si tú quieres besarme porque te gusto entonces yo también debería poseer una autorización para besar a X.

Es que por esa regla de tres si tú, en lugar de la bici o el carrito,

coges el coche para ir comprar

contaminando y estorbando

pues yo voy a comprar con mi camión.

 

Es que si yo, periodista, traigo al plató a un naci entonces también debo invitar a un judio.

Es que si a ti te gusta la izquierda pues a mí me gusta la derecha, tu palabra contra la mía.

 

A estos los podríamos llamar regladetresistas. Practican el reglatresismo,

 

 

 

Pero… ¡Claro!

 

No lo podemos llamar así, reglatresismo. Cacofónico perdío. Solución: le adjudicamos un tres y lo llamaremos tresismo.

―¿Conque vas a comprar con tu camión, no con carrito? ¡Eres un tresista!

 

Una discriminación que yo sí hago, y bien que me duele pero caigo en ella. Hay una obra de misericordia que la limpia: sufrir con paciencia los defectos de los demás. Me cuesta. Yo no discrimino a nadie por su raza, ni en mi trabajo ni ante la puerta de un ascensor, ni en la seducción y el emparejamiento. En ningún desempeño de la vida social. Me gustan los tonos de color de la piel humana y las distintas formas de cráneos.

Porque sería entonces un racista.

 

Colores piel humana

 

***

13

trecismo

 

Tampoco discrimino a nadie por su estatus o clase social. Sería un clasista. A quien sí discrimino es a los maleducados. Me cuesta aceptar con alegría como hermano mío en el Reino a quien mastica con los labios abiertos y come sin servilleta pringando vasos; a quien escupe en el suelo gorgojeando previamente, a quien se desatornilla un moco ante mí, a quien me bosteza de modo que puedo ver claramente en su interior, campanilla, esófago, etc. A quien viene con su novio y su amigo por la acera estrecha, los tres en línea como una quitanieves y ninguno se aparta para dejarme pasar con mi maleta. Incluso ante un adonis veinteañero me sale esta discriminación si es falto de pulimento.

 

 

 

Pero… ¡Claro!

No voy a decir que soy un maleducacionista, horrísono, cacofónico. En cataluña a esto lo llaman más bien civismo, ¿Voy a decir que soy un inciviscista?  No.

Así que le adjudico un número, por ejemplo el 13: ¡Discrimino a los maleducados! ¡Soy un trecista!

Solucionado.

 

Vaya memez de entrada de blog que me ha quedado. ¿Cómo se llama a quien escribe chorradas en lugar de entrenar mancuernas, aprender idiomas, evangelizar o callarse?

25

¡Veinticinquismo!

 

 

 


 

«Numerados» es una narración brutal de John Reichi. De la era pre-sida. Si cae en vuestras manos alternadlo con algo de John Boswell que es más bendito y fraterno.

 

Numbers numerados Reichi.

 

Debéis pensar que soy un pedante insufrible leyéndome. ¡Que vaaaaa! Al escribir nos mutamos, que sepáis que soy más de llano y pueblo que un ramo de amapolas. El teclado me transforma.

 

Bendiciones.

 

 

CAJA DE ARENA

 

 

 

Los informáticos llaman sandbox o caja de arena a un entorno seguro. Es como si quieres probar una plancha o una cafetera eléctrica recién arreglada y no sabes si va a soplar, a quemar, ni por dónde. No me refiero a donde hacen pis los animalitos.

 

 

 

 

 

Vosotros habéis visto ese negocio que se lleva ahora, las escape rooms. Hacer una Caja de Arena axiológica psíquica. Un momento y lugar, casi como fuego de campamento. Me recuerda a ese juego en el que hay que decir verdades. Pero aquí con otro sentido. Decirnos verdades tremendas, dolorosas pero en entorno seguro donde no fueran delito ni pecado ni guardáramos rencor a quien se las oimos.

 

 

 

Para que al salir al mundo real fuera de la caja después sepamos perdonar como hicimos ahí dentro. Encajar.

 

 

―Ahora que estamos tú y yo en la caja de arena te diré esto, eres un m***ń que mastica con la boca abierta, no me miras cuando te hablo y me metiste una buena pifia aquel día en nuestro trabajo. Te la tengo guardada.

 

―Bien: como estamos en caja de arena no me duele esto que me dices y te lo recojo y lo tengo en cuenta. Y ahora que estamos en la caja de arena te diré: siempre me he quedado con ganas de abandonarte por las noches, salir de la cama, hacer por ahí lo que me dé la gana, y volver tres horas más tardes mientras tú sigues roncando como un chancho.

 

―Lo tengo en cuenta pero no me duele porque estamos en caja de arena.

 

 

TENGO YO un amigo que…

―Ah, ya, un amigo, ¿eh?

―Sí un amigo.

 

…un amigo, iba diciendo, a quien de los siete sacramentos el que más le duele, claro está, es la confesión, la penitencia. Si bien estadísticamente los gais parecemos un poco más parlanchines y desinhibidos que la media incluso para reconocer culpas y vergüenzas. Lo que él hace para entrenarse es entrar en algún templo y comprobar que un confesionario está vacío. Se ubica y empieza a susurrar al vacío todos sus horrores, incluso cosas que realmente no son pecados. Hay un topicazo acerca de la culpa y la vergüenza, perdonad que no documente aquí la fuente: se dice que las sociedades protestantes del norte y sus prados con niebla padecen más bien la culpa, mientras que nosotros en los secarrales del sur sufrimos más la vergüenza. Pues este amigo sufre de las dos, se tira ahí varios minutos enunciando sus fallos, errores y pecados como una impresora sin pausa. Dice que le sirve como entrenamiento para la confesión buena, la que se hace siendo ya oído, ya con sacerdote al otro lado.

 

El concepto humanístico de caja de arena es brutal. ¿Os imagináis una caja de arena en un juzgado? Una especie de jaula de Faraday. Un sitio aislado donde abogado, fiscal, juez, acusados, testigos, puedan decir la verdad científica cierta de lo que sucedió sin tapujos ni miedos, sin relevancia procesal, tan sólo por el goce científico de que La Verdad mueva los tímpanos. Un poco también como esos bares que hay cerca de los juzgados donde después bajan todos sin toga ni puñetas y se comentan los procesos entre copas y se oyen las verdades francas que no se dijeron horas antes en la corte.

 

Hay cosas terribles, terribles que se pudieran decir en una caja de arena, son tabús, que todos pensamos pero no podemos decir ni escribir. ¡Allá voy!  Atención que estamos en modo Sandbox, ¿eh?

§

Yo no doy limosna a ningún pobre porque luego para celebrarlo echa …  y al año siguiente ya son cinco.

§

Estadísticas ciertas: los gais tenemos plum, las bo* martillo y pelo corto. Los jueves, paella y los ricos piscina. ¡Sí, se puede generalizar! Pura estadística.

§

En los países del ecuador la gente es cazu*** y en los cercanos a los polos son más list** y ricos. El frío despabila.

§

Las república es de izquierdas y la monarquía de derechas. Todos los políticos son corruptos porque forma parte del sistema. Nepotismo enchufe.

§

Los n juegan al baloncesto y los rusos pálidos al ajedrez.

§

¿Pateras? Salen del puerto y a cien metros ahí les espera el buque rescate y sus fotógrafos. Negocio redondo. Llevamos cien años diciéndole al Sahel cómo debe crecer y no hace caso. Me sobra una cama en casa y no va ser para ningún sirio.

§

Todos nos pisamos el cuello para subir de estatus, que es lo que nos gusta. El estatus y reconocimiento ajeno.

Yo no le pienso lavar los pies a ningún s***,  n***, gi*** ni ch***.

§

Todos los g somos pasivos como una puerta, hay pocos ac, son menos.

§

Alemania, 1945, en puras ruinas. Diez años más tarde flamante reconstruida motor de Europa.

Bananalandia 2018, van por el quinto huracán o seísmo y siguen sin levantar cabeza desde la independencia XIX.

§

Yo sí puedo mirar a otros pero a mi pareja que no se le ocurra querer a otro más que a mí.

§

[ Más que a ti se te ocurran ]

 

 

 

 

Tumba de Marshall McLuhan

 

Marshall MacLuhan, que por cierto era católico: El medio es el mensaje. Dependiendo del lugar en que hables eso modela lo que dices. Tú eso de arriba no lo puedes decir en el, digamos, ambón de la ONU pero sí lo puedes susurrar en una almohada. Ese párrafo de arriba va escrito aquí como citación pero miedo me da; gastando mi tecla de asterisco y esperando que nadie se haga la «ofendidita y ofendidito» y me reclame un delito de odio. Yo prefiero llamarlos delitos de no-Amor. Pero insisto: eso de arriba es horrible, no lo decimos, ¡pero

 

A C T U A M O S    E N   C O N S E C U E N C I A  !

 

http://es.catholic.net/op/articulos/49474/cat/162/marshall-mcluhan.html

 

 

Los científicos tienen metidos en botes cánceres, horribles tumores y virus espantosos. Los estudian, los conocen bien, no por ello los aman ni los odian. El dolor y muerte que producen, eso odian aunque tampoco es justo esa la palabra. Trabajan con ellos para eliminarlos. Con ese ánimo lo digo aquí. El tabú de que no digo algo pero actúo en su consecuencia.

 

No vayas, este, al psicoanálisis. Es una pérdida de tiempo y dinero. En más de cien años no ha logrado más que un flujo de espontaneidades y pedos en el diván. El planteamiento, este, era bienintencionado pero el resultado final ni cura ni nada. Este… Aquí el rodaje de esa preciosa escena de Annie Hall.

 

Escena psicoanálisis Annie Hall

 

 

¡Ah, olvidaba!

Pues bien, esa caja de arena existe.  ¡Se llama confesionario! ¡Y tiene final feliz! Sí, recomiendo.

 

Confesionario gótico

 

 

 

APERITIVO

 

Hoy estoy enfadado con DiosaDios, con la Trinidad, y con especialmente con  יְהוֹשֻׁע ܝܫܘܥ, , no sé por qué, supongo que por pretensiones insatisfechas: o me colmato las pretensiones o me las quito.  De los protestantes me cae bien esa idea que tienen de que Dios nos adelanta en la tierra lo que pretende darnos después, a guisa de aperitivo. Los católicos sureños masocas pensaríamos lo contrario: que hay que sufrir para tener más puntuación, más puntos y más puntos

 

Esto me recuerda algo de lo que acabo de oir hablar en Radio María, la teología de la prosperidad, del mundo protestante anglosajón. Hombre, no llego a tanto. Quiero tan sólo un guiño, una precuela.

https://es.wikipedia.org/wiki/Teologia_de_la_prosperidad

 

DiosaDios nuestro, danos, por favor un aperitivo.

 

―…puntos, puntos, te voy a dar yo a tí puntos…. ¡De sutura en la piel, no te jota!

―Toma ya.

―¡Bfff!

 

 

 

 

 

 


Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Más información
Privacidad