La comunidad de fe y vida es un espacio para compartir la vivencia diaria de la fe a la luz del evangelio. Estas comunidades se reúnen periódicamente cada 15 días y permiten compartir vivencias personales en primera persona a la luz de los textos evangélicos. Para formar parte de esta comunidad es necesario que se solicite a través del correo de acogida (acogida@crismhom.org). Para no romper el ambiente de confianza entre las personas del grupo, es necesario acudir regularmente y solicitar formalmente ser un miembro más del grupo. El material para esta reunión es el siguiente:
Comunidad de fe y vida
Martes, 18 de febrero de 2013
Evangelio: Lucas 4, 1-13
En aquel tiempo, Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán y, durante cuarenta días, el Espíritu lo fue llevando por el desierto, mientras era tentado por el diablo. Todo aquel tiempo estuvo sin comer, y al final sintió hambre. Entonces el diablo le dijo: «Si eres Hijo de Dios, dile a esta piedra que se convierta en pan.» Jesús le contestó: «Está escrito: «No sólo de pan vive el hombre»». Después, llevándole a lo alto, el diablo le mostró en un instante todos los reinos del mundo y le dijo: «Te daré el poder y la gloria de todo eso, porque a mí me lo han dado, y yo lo doy a quien quiero. Si tú te arrodillas delante de mí, todo será tuyo.» Jesús le contestó: «Está escrito: «Al Señor, tu Dios, adorarás y a él sólo darás culto»». Entonces lo llevó a Jerusalén y lo puso en el alero del templo y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo, porque está escrito: «Encargará a los ángeles que cuiden de ti», y también: «Te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras»». Jesús le contestó: «Está mandado: «No tentarás al Señor, tu Dios»». Completadas las tentaciones, el demonio se marchó hasta otra ocasión.
¿En qué cosas te sientes tentado en tu vida diaria? ¿Qué tentaciones te resulta más difícil superar? ¿Cómo lo consigues?
Evangelio: Lucas 9, 28b-36
En aquel tiempo, Jesús cogió a Pedro, a Juan y a Santiago y subió a lo alto de la montaña, para orar. Y, mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió, sus vestidos brillaban de blancos. De repente, dos hombres conversaban con él: eran Moisés y Elías, que, apareciendo con gloria, hablaban de su muerte, que iba a consumar en Jerusalén. Pedro y sus compañeros se caían de sueño; y, espabilándose, vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con él. Mientras éstos se alejaban, dijo Pedro a Jesús: «Maestro, qué bien se está aquí. Haremos tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.» No sabía lo que decía. Todavía estaba hablando, cuando llegó una nube que los cubrió. Se asustaron al entrar en la nube. Una voz desde la nube decía: «Éste es mi Hijo, el escogido, escuchadle.» Cuando sonó la voz, se encontró Jesús solo. Ellos guardaron silencio y, por el momento, no contaron a nadie nada de lo que habían visto.
¿Qué momentos has experimentado o experimentas en los que ves con claridad quién es Dios, cuál es tu vocación y misión en este mundo? ¿Cómo te desinstalaste de esta experiencia?
Oración de inicio de la reunión:
Se acerca la Cuaresma, tiempo de reflexión. Tiempo para caer en la cuenta, tiempo de revisión. Se inicia el miércoles de ceniza, con el deseo de conversión.
Es un momento privilegiado, sin las distracciones del tiempo de Navidad; sin compras, sin tanta fiesta. Para algunos una excusa, momento para viajar, para ir a la playa, para descansar.
El niño que nos nació ha crecido, ya se ha hecho mayor. Se ha ofrecido al extremo. No ha hecho otra cosa que amar. Amar a los desahuciados, a los pobres y margin
ados. Nos invita a enterrar nuestros complejos, los impedimentos a la felicidad. Enterrarlos hondo bajo tierra, para que germine una nueva vida, una inmensa actitud de gratuidad; un gran gracias por tanto bien recibido. Un borrón y cuenta nueva. Un deseo de volver a empezar, de olvidar los errores, de poder mejorar. Un deseo de acompañar a Cristo, de saber pasarlo mal, de aceptar el dolor y afrontarlo con esperanza. Dolor que pese a todo duele, y a veces duele mucho.
Aceptando cargas ajenas, acompañando en silencio, dejándose afectar. No son nuestros asuntos, sino los de los de los demás, de aquellos que necesitan ayuda, a veces simplemente estar. Manos de apoyo, presencia pacífica, escucha en silencio. Momentos intensos, vidas plenas que dan de balde, porque también de balde recibieron.
Nuestra cabeza nos llama idiotas, pero arde el corazón. Arde internamente como un volcán en erupción. Erupción de felicidad, de sentido interno, no importa lo que dirán. Cristo ha resucitado y con él vamos detrás. Él nos abrió la puerta, el camino nos marcó, nos dijo que no estaríamos solos que Él proveerá.
Lo inesperado aparece, lo nunca visto aquí está. No estaba previsto, todo parecía cerrado pero hoy una puerta se abre, una salida es marcada por un ventanuco angosto. La Providencia marca un camino de nerviosismo e imprevisión. Un camino inesperado, fuera de nuestro control. Para que el éxito no sea nuestro, sino que sea de Dios. No es lo que habíamos previsto, ni se hizo como queríamos, ni siquiera nos venía bien. Vino según un criterio, el criterio del Resucitado, cuya sabiduría nos supera y excede.
Ya comienza la Cuaresma, en cuarenta días la Pascua. Que lo que de balde fue recibido, sea ofrecido de balde. Y si recibido no nos parece, sea aún así ofrecido de balde, que en el momento por Dios elegido, de balde nos será retornado, en un momento inesperado y en gran medida acrecentado.
Oración de fin de la reunión:
Dame, Señor, la fe que no razona y que en todo te ve.
Esclarece los ojos de mi alma, dame vida de fe.
Yo no entiendo el porqué de muchas cosas, pero confío en ti.
Cuando Tú lo permites y lo dispones, convendrá así.
Que eres el más amante de los padres, no lo puedo dudar.
Por eso, aunque me aflijas, te quiero siempre amar.
Quiero vivir unido siempre a tu voluntad y verte a Ti en todos los sucesos de mi vida.
Y, ciegos los ojos del sentido, que ni entienden ni ven,