Grupo de fe y vida

Cuando:
25 de noviembre de 2015 a las 19:00 – 21:00 Europe/Madrid Zona Horaria
2015-11-25T19:00:00+01:00
2015-11-25T21:00:00+01:00

La comunidad de fe y vida es un espacio para compartir la vivencia diaria de la fe a la luz del evangelio. Estas comunidades se reúnen periódicamente cada 15 días y permiten compartir vivencias personales en primera persona a la luz de los textos evangélicos. Para formar parte de esta comunidad es necesario que se solicite a través del correo de acogida (acogida@crismhom.org). Para no romper el ambiente de confianza entre las personas del grupo, es necesario acudir regularmente y solicitar formalmente ser un miembro más del grupo.

 

 

Reunión grupo de fe y vida: acompañando a otros

Martes 11 de noviembre de 2015

 

Sobre la compasión

Compasión es sentir que se nos estremecen las entrañas al entrar en contacto con la realidad de sufrimiento de quien tenemos cerca, porque nos hemos hecho próximos (prójimos). Ese contacto genera un impulso que nos estremece, conmueve nuestras entrañas y nos mueve a actuar. La compasión es un acto de la voluntad que nos llama a acompañar a los demás.

 

Aprendiendo a no confundir amor con compasión. Siendo consciente de quien recibe nuestro cariño, lo distingue muy bien de nuestra compasión. Que se compadezcan de uno no es igual a que te quieran. Aprendiendo a transmitir cariño más que compasión. Aprendiendo a estar y buscar a la otra persona no sólo porque esté en mal momento, sino porque queremos estar con ella. No sólo haciendo un favor, sino con deseo pleno de entrar en contacto, sabiendo que la otra persona también me aporta, me ayuda y me enseña. Amor y compasión, sin embargo, dos caras de una misma moneda.

 

¿Qué despierta, ha despertado o piensas que despertaría en ti, compasión? ¿Has confundido alguna vez amor con compasión?

 

Sobre la escucha

Escuchar es de sabios, de personas que han madurado en la humildad, de los que identifican que tienen algo que aprender de los demás. Escuchar es adentrarse en realidades que no son gratas de contemplar y para las que no tenemos necesariamente solución. Nos da miedo escuchar porque nos tocamos de frente con nuestra limitación y vulnerabilidad. Escuchar es simplemente estar en silencio sin pensar en lo que vamos a decir, activar el rádar emocional para detectar los sentimientos y el significado de las palabras y la conducta no verbal de quien se relaciona con nosotros. Escuchar es el primer deber del que quiere amar.

 

¿Describe el cuadro en el que en el que te hayas sentido escuchado o pienses que has escuchado a otras personas?

 

Aprendiendo a escuchar

Aprender a escuchar supone regular nuestro grado de implicación emocional con la situación ajena, porque la escucha tiene un precio personal, supone la fatiga por compasión, entrar en el mundo de la vulnerabilidad, desaprender las tendencias espontáneas de anest
esia o de deseo rápido de aliviar el malestar. El arte de la escucha lo encarnamos cada uno, tenemos nuestro color personal para acoger sin palabras a la persona, mostrando verdadero interés.

 

¿Te has encontrado alguna vez «desaprendiendo» nuestras tendencias espontáneas de anestesia?

 

Escuchar el silencio

El mensaje más importante en una conversación se transmite a través del silencio. Palabras acompañadas de tonos, gestos, miradas y lenguaje no verbal. Se trata de escuchar lo que no se oye: el bullir de la vida que irradia el sol, el quejido de las hojas al ser pisadas, el latido de la savia que asciende por un tallo, el temblor de los pétalos al abrirse acariciados por la luz. Cuando hablemos, procuremos que nuestro silencio sea mejor que nuestras palabras. Cuando baste una palabra, evitemos un discurso. Cuando baste un gesto, evitemos las palabras. Cuando baste una mirada, evitemos el gesto. Cuando baste un silencio, evitemos incluso la mirada.

 

Describe algún cuadro que hayas vivido en el que el silencio fuera una forma sanadora de expresar un mensaje a alguien que lo necesitaba.

 

Descubriendo nuestra propia vulnerabilidad

Cuando entramos en la realidad de la persona que acompañamos, recibimos el eco de nuestra propia vulnerabilidad, porque entrar en el mundo ajeno nos abre las puertas de nuestro propio mundo. Cuando unimos la experiencia del otro a la nuestra, interpretamos y comprendemos nuestra propia realidad, nos descubrimos sanadores heridos. Involucrar nuestro ser en el acto de acompañar, empatizando con la herida ajena activa nuestras propias heridas. Integramos nuestra propia sombra y eso nos sana. Aceptar y reconocer nuestra propia fragilidad se convierte en la herramienta para ayudar a sanar a otros.

 

Describe alguna situación en que descubrieras tu vulnerabilidad al acompañar a otra persona.

 

Inteligencia o competencia espiritual

Si nos ponemos al lado de otra persona para acompañar y apoyar su camino, consideremos la importancia de su dimensión espiritual más allá de su estricta experiencia religiosa. La inteligencia o competencia espiritual tiene que ver con hacerse preguntas profundas de compromiso con la propia realidad, con la búsqueda de sentido en la vida y de respuestas que se traducen en acciones concretas. Personas que trabajan por conocerse a sí mismas, que identifican lo que hondamente tiene valor en sus vidas porque tienen necesidad de encontrar sentido. Personas que intentan escribir y contemplar su vida como un relato unificado y unificador, que necesitan sentirse parte de algo más allá de sí mismas. Gente que acude a la filosofía o las religiones para hacerse preguntas e intentar encontrar respuestas, que se admiran y comprometen ante la naturaleza, que contemplan en silencio lo que les rodea con los ojos del corazón.

 

¿Pon ejemplos en que acompañar otras personas te ha hecho ahondar en tu propia vida?

 

Infundiendo esperanza en la debilidad.

El ancla es el símbolo universal de la esperanza. En medio de la tormenta, la inseguridad y la indecisión, infundir esperanza consiste en ofrecer a la persona un lugar donde clavar el ancla. Un ancla fundamentado en la realidad, aunque sólo pueda ser un deseo de realidad, siempre que sea alcanzable. El reconstituyente saludable en medio de la vulnerabilidad para anclar nuestra esperanza es sentirse esperado por otra persona. Incluso nuestro cuerpo funciona de otra manera. Se genera seguridad y confianza. Surgen deseos de mejora y nos cura de la soledad.

 

¿Cuál es tu ancla? ¿Qué otros anclas has visto en los demás?

 

Hoy, aquí y ahora.

¿Estamos donde queremos estar? Dios se comunica en el aquí y ahora para darnos el pan de cada día. No el de mañana, sino el de hoy. Todas las tareas tienen su tiempo y su sazón. Hay tiempos para esperar y otros para avanzar y darlo todo. Dios nos invita a encontrar nuestro momento para introducir cambios y entretanto saber esperar y tener paciencia. La vida es como un libro con capítulos. Hay que saber cerrar un capítulo y dar la bienvenida a otro nuevo. Hay que hacer espacio. Muchas veces, cuando no acertamos a gestionar nuestro tiempo, no sabemos estar, porque no paramos de pensar en otras cosas que podríamos estar haciendo. Dios no se rige por un protocolo de tiempos. Por eso hay que estar preparado, porque no sabemos en qué momento vendrá a nuestro encuentro.

 

¿Sientes que hay capítulos de tu vida que no están aún cerrados?¿Has podido ayudar a otras personas a cerrar capítulos de su vida?

 

Destellos de felicidad

Para ser más felices no hay que quedarse parado; hay que salir, tomar iniciativa. Potenciar semillas, capacidades que tenemos y que no utilizamos habitualmente, quizá podrían ayudarnos a ser más felices. La felicidad es una suma de destellos de felicidad que nos hace caer en la cuenta que el balance es positivo, de que nuestra vida vale la pena. La felicidad depende más de nuestra respuesta a las sencillas y pequeñas oportunidades, que de esperar grandes oportunidades. Ponerse metas un poco más allá de la pequeñez de nuestro entorno nos ayuda a ser más felices.

 

Comparte algunos de tus destellos de felicidad recientes y de personas que hayas acompañado.