La comunidad de fe y vida es un espacio para compartir la vivencia diaria de la fe a la luz del evangelio. Estas comunidades se reúnen periódicamente cada 15 días y permiten compartir vivencias personales en primera persona a la luz de los textos evangélicos. Para formar parte de esta comunidad es necesario que se solicite a través del correo de acogida (acogida@crismhom.org). Para no romper el ambiente de confianza entre las personas del grupo, es necesario acudir regularmente y solicitar formalmente ser un miembro más del grupo. El material para esta reunión es el siguiente:
Comunidad de fe y vida
Martes, 19 de marzo de 2013
Evangelio: Juan 8, 1-11
En aquel tiempo, Jesús se retiró al monte de los Olivos. Al amanecer se presentó de nuevo en el templo, y todo el pueblo acudía a él, y, sentándose, les enseñaba. Los escribas y los fariseos le traen una mujer sorprendida en adulterio, y, colocándola en medio, le dijeron: «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. La ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras; tú, ¿qué dices?». Le preguntaban esto para comprometerlo y poder acusarlo. Pero Jesús, inclinándose, escribía con el dedo en el suelo. Como insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo: «El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra». E inclinándose otra vez, siguió escribiendo. Ellos, al oírlo, se fueron escabullendo uno a uno, empezando por los más viejos. Y quedó sólo Jesús, con la mujer, en medio, que seguía allí delante. Jesús se incorporó y le preguntó: «Mujer, ¿dónde están tus acusadores?; ¿ninguno te ha condenado?» Ella contestó: «Ninguno, Señor». Jesús dijo: «Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más».
¿Con qué personaje te sientes identificado de este texto: la adúltera, los fariseos, Jesús? ¿Te sientes más legalista que misericordioso en los mecanismos que rigen tu forma de perdonar o corregir a los demás?
Primera Lectura: Isaías 50, 4-7
Mi Señor me ha dado una lengua de iniciado, para saber decir al abatido una palabra de aliento. Cada mañana me espabila el oído, para que escuche como los iniciados. El Señor me abrió el oído. Y yo no resistí ni me eché atrás: ofrecí la espalda a los que me apaleaban, las mejillas a los que mesaban mi barba; no me tapé el rostro ante ultrajes ni salivazos. El Señor me ayuda, por eso no sentía los ultrajes; por eso endurecí el rostro como pedernal, sabiendo que no quedaría defraudado.
¿Qué te sugiere la Pasión de Jesús? ¿Cómo la interpretas en tu vida? ¿Te ves o te has visto en tu vida dispuesto a pasarlo mal por causa de los demás? ¿Cómo has vivido esas experiencias?
Oración de inicio de la reunión:
Hay gente que se levanta creyendo que el cielo existe; que cada minuto triste que pasa será que lo quiere Dios.
Y yo, y yo me levanto, sabiendo que lo que existe, son sólo minutos tristes que pueden pasar si lo digo yo.
Hay gente que se levanta, rezando sus oraciones, pidiendo que le perdonen la vida p
or ser como saben ser.
Y yo, y yo me levanto, sabiendo de mis defectos, sabiendo de lo imperfecto que soy por querer ser y no saber.
Y hay gente que se levanta, cubierta de miedo y culpa, creyendo que si se ocultan del mundo van a vivir mejor.
Hay gente que se levanta, tan sola y desprotegida, que quiere que su alma herida no vuelva a confiar nunca en nadie más.
Y yo, y yo me levanto confiando en mis cuatro vientos, sabiendo que hay mil momentos que van y que ayudan que son verdad.
Y hay gente que se levanta, queriendo olvidar la forma de hacerle caso a las normas que marcan su propia necesidad.
Y yo, y yo me levanto, exactamente igual.
Oración de fin de la reunión:
Filipenses 3, 8-14: Todo lo estimo pérdida comparado con la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. Por él lo perdí todo, y todo lo estimo basura con tal de ganar a Cristo y existir en él, no con una justicia mía, la de la Ley, sino con la que viene de la fe de Cristo, la justicia que viene de Dios y se apoya en la fe. Para conocerlo a él, y la fuerza de su resurrección, y la comunión con sus padecimientos, muriendo su misma muerte, para llegar un día a la resurrección de entre los muertos. No es que ya haya conseguido el premio, o que ya esté en la meta: yo sigo corriendo a ver si lo obtengo, pues Cristo Jesús lo obtuvo para mí. Hermanos, yo no pienso haber conseguido el premio. Sólo busco una cosa: olvidándome de lo que queda atrás y lanzándome hacia lo que está por delante, corro hacia la meta, para ganar el premio, al que Dios desde arriba llama en Cristo Jesús.