La comunidad de fe y vida es un espacio para compartir la vivencia diaria de la fe a la luz del evangelio. Estas comunidades se reúnen periódicamente cada 15 días y permiten compartir vivencias personales en primera persona a la luz de los textos evangélicos. Para formar parte de esta comunidad es necesario que se solicite a través del correo de acogida (acogida@crismhom.org). Para no romper el ambiente de confianza entre las personas del grupo, es necesario acudir regularmente y solicitar formalmente ser un miembro más del grupo. El material para esta reunión es el siguiente:
Comunidad de fe y vida
Martes, 20 de noviembre de 2012
Evangelio: Marcos 13, 24-32
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «En aquellos días, después de esa gran angustia, el sol se hará tinieblas, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo, los astros se tambalearán. Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y majestad; enviará a los ángeles para reunir a sus elegidos de los cuatro vientos, de horizonte a horizonte. Aprended de esta parábola de la higuera: Cuando las ramas se ponen tiernas y brotan las yemas, deducís que el verano está cerca; pues cuando veáis vosotros suceder esto, sabed que él está cerca, a la puerta. Os aseguro que no pasará esta generación antes que todo se cumpla. El cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán, aunque el día y la hora nadie lo sabe, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, sólo el Padre».
¿Has pensado alguna vez en el juicio final? ¿Cómo te imaginas el poder de Dios?
Evangelio: Juan 18, 33b-37
En aquel tiempo, dijo Pilato a Jesús: «¿Eres tú el rey de los judíos?» Jesús le contestó: «¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?» Pilato replicó: «¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí; ¿qué has hecho?» Jesús le contestó:
«Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí.» Pilato le dijo: «Conque, ¿tú eres rey?» Jesús le contestó: «Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo; para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz».
¿Cómo entiendes que Dios sea Rey? ¿Cómo es para ti ese Reino que no es de este mundo?.
Oración de inicio de la reunión:
«Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti»
El Señor es el lote de mi heredad y mi copa; / mi suerte está en tu mano. / Tengo siempre presente al Señor, / con él a mi derecha no vacilaré. R.
Por eso se me alegra el corazón, / se gozan mis entrañas, / y mi carne descansa serena. / Porque no me entregarás a la muerte, / ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción. R.
Me enseñarás el sendero de la vida, / me saciarás de gozo en tu presencia, / de alegría perpetua a tu derecha. R.
Oración de finalización de la reunión:
Mirad lo inmenso que es el amor del Padre, que nos llama hijos suyos. Realmente lo somos. El mundo no nos conoce porque a Él no le han reconocido. Lo que seremos, no se nos ha dado aún a conocer, pero seremos semejantes a Él, porque le veremos tal cual es. Tener esta esperanza nos hace santos, como Él mismo lo es.
Si no tengo amor, no soy nada. Nada soy, si no tengo amor. Nada soy, nada soy, si no tengo amor.
Te amo, Señor, fortaleza mía, roca mía, castillo mío, mi libertador. Dios mío en ti confiaré. Pues mi escudo eres Tú y la fuerza de mi salvación. Invoco al Señor de mi alabanza y quedo libre de mis enemigos.
Pedid y se os dará, buscad y encontraréi
s, llamad y se os abrirá. Porque al que pide se le da, el que busca encuentra y al que llama se le abre. Y si somos capaces de dar lo mejor que tenemos a la gente a la que queremos, ¡Cuánto más regalará nuestro Padre Celestial su Espíritu Santo a quien se lo pida!
Abandona la tristeza, deja que Dios te conduzca a la felicidad. La completa confianza en Dios pasa y plancha en nosotros como una corriente de vida. Cristo Jesús, mi luz interior, no dejes que mis tinieblas tengan voz.
Pero todo lo que hasta ahora consideraba una ganancia, lo tengo por pérdida, a causa de Cristo. Más aún, todo me parece una pérdida comparado con el inmenso regalo de haber conocido a Cristo Jesús, mi Señor. Por él querría sacrificar todas las cosas, a las que considero como desperdicio, con tal de ganar a Cristo.
Destruid este templo y yo lo edificaré en tres días. Él se refería al templo de su cuerpo. Y cuando resucitó de entre los muertos, se acordaron sus discípulos de que había dicho esto y creyeron en la escritura y en las palabras que había dicho. Yo también me acuerdo. Entonces no me di cuenta. Hoy, sin embargo, lo recuerdo y creo.