Esta celebración de la palabra tuvo lugar el sábado 10 de enero de 2015 a las 20:30h en Barbieri 18. Es una celebración preparatoria de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos que tendrá lugar del 18 al 25 de enero. Contó con la presencia de Juan Larios, pastor de la Comunidad Cristiana La Esperanza de Alcorcón, perteneciente a la IERE (Iglesia Española Reformada Episcopal de comunión Anglicana). Esta comunidad recibió el premio Arco Iris CRISMHOM 2013, por su carácter inclusivo acogedor y abierto a la realidad LGTB.
Viaje, sol abrasador, cansancio, sed … «Dame de beber». Este es el deseo de todo ser humano. Dios, que se hace hombre en Cristo (Juan 1, 14) y se vacía a sí mismo para compartir nuestra humanidad (Filipenses 2, 6-7), es capaz de decirle a la mujer samaritana: «Dame de beber» (Juan 4, 7). Al mismo tiempo, este Dios que sale a nuestro encuentro nos ofrece el agua viva: «el que beba del agua que yo quiero darle, nunca más volverá a tener sed sino que esa agua se convertirá en su interior en un manantial capaz de dar vida eterna» (Juan 4, 14). Consejo Nacional de Iglesias Cristianas de Brasil (CONIC)
Celebración de la palabra
Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos
Viaje, sol abrasador, cansancio, sed … «Dame de beber». Este es el deseo de todo ser humano. Dios, que se hace hombre en Cristo (Juan 1, 14) y se vacía a sí mismo para compartir nuestra humanidad (Filipenses 2, 6-7), es capaz de decirle a la mujer samaritana: «Dame de beber» (Juan 4, 7). Al mismo tiempo, este Dios que sale a nuestro encuentro nos ofrece el agua viva: «el que beba del agua que yo quiero darle, nunca más volverá a tener sed sino que esa agua se convertirá en su interior en un manantial capaz de dar vida eterna» (Juan 4, 14).
Canto: Busca el silencio, ten alerta el corazón, calla y contempla.
INTRODUCCIÓN
M: En el nombre de nuestro Señor Jesucristo sea luz y paz.
C: Amén.
M: Desde el nacimiento del sol hasta donde se pone, sea alabado el nombre del Señor.
C: Sea el nombre del Señor bendito desde ahora y para siempre.
M: ¡Oh Dios, cuyo nombre es bendito desde la salida del sol hasta su ocaso! Llena de ciencia nuestros corazones y abre nuestros labios en tu alabanza, para que como eres bendito con el debido honor por todos los siglos, así seas alabado de oriente a occidente por todas las naciones.
C: Amén.
CONFESIÓN
Canto: En mi debilidad, me haces fuerte, en mi debilidad, me haces fuerte. Sólo en tu amor, me haces fuerte, sólo en tu vida, me haces fuerte, en mi debilidad, te haces fuerte
en mí.
M: Hermanos muy amados: Reconociendo con sinceridad lo lejos que estamos de haber cumplido fielmente la voluntad del Señor, humillémonos en su presencia y con un corazón arrepentido, confesemos todas nuestras faltas, seguros de que Él escuchará nuestras súplicas.
C: Dios misericordioso; confesamos que hemos pecado contra ti, por pensamiento, palabra y obra; por lo que hemos hecho y lo que hemos dejado de hacer. No te hemos amado con todo el corazón; no hemos amado a los demás como a nostros mismos. Sincera y humildemente nos arrepentimos. Ten piedad de nosotros: perdona lo que hemos sido, corrige lo que somos y dirige lo que seremos; así tu voluntad será nuestra alegría y andaremos por tus caminos, para gloria de tu Nombre. Por Jesuscrito, nuestro Salvador. Amén.
M: Dios todopoderoso tiene misericordia de vosotros y os perdona los pecados por medio de Jesucristo; os santifica y os da la vida eterna por el poder del Espíritu Santo. Amén.
C: Dios tenga también de ti misericordia, perdone tus pecados por medio de Jesucristo y te dé la vida eterna por el poder del Espíritu Santo. Amén.
M: El Señor sea siempre con vosotros.
C: Y con tu espíritu.
Canto: En mi debilidad
LECTURAS BÍBLICAS
Efesios 4, 1-17: Yo, que estoy preso por causa del Señor, les ruego que vivan como es digno del llamamiento que han recibido, y que sean humildes y mansos, y tolerantes y pacientes unos con otros, en amor. Procuren mantener la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz. Así como ustedes fueron llamados a una sola esperanza, hay también un cuerpo y un Espíritu, un Señor, una fe, un bautismo, y un Dios y Padre de todos, el cual está por encima de todos, actúa por medio de todos, y está en todos. Pero a cada uno de nosotros se nos ha dado la gracia conforme a la medida del don de Cristo.
Canto: Canta aleluya al Señor, canta aleluya al Señor. Canta aleluya, canta aleluya, canta aleluya al Señor.
Juan 4, 1-42: Se enteró Jesús de que los fariseos supieron que cada vez aumentaba más el número de sus seguidores y que bautizaba incluso más que Juan, aunque de hecho no era el mismo Jesús quien bautizaba, sino sus discípulos. Así que salió de Judea y regresó a Galilea. Y como tenía que atravesar Samaría, llegó a un pueblo de esa región llamado Sicar, cerca del terreno que Jacob dio a su hijo José. Allí se encontraba el pozo de Jacob. Jesús, fatigado del camino, se sentó junto al pozo. Era cerca de mediodía.
Y en esto que llega una mujer samaritana a sacar agua. Jesús le dice: «Dame de beber». Los discípulos habían ido al pueblo a comp
rar comida. La mujer samaritana le contesta: «¡Cómo! ¿No eres tú judío? ¿Y te atreves a pedirme de beber a mí que soy samaritana?» (Es que los judíos y los samaritanos no se trataban). Jesús le responde: «Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice: «dame de beber», serías tú la que me pedirías de beber, y yo te daría agua viva».«Pero Señor —replica la mujer—, no tienes con qué sacar el agua y el pozo es hondo. ¿Dónde tienes esa agua viva? Jacob, nuestro antepasado, nos dejó este pozo, del que bebió él mismo, sus hijos y sus ganados. ¿Acaso te consideras de mayor categoría que él?» Jesús le contesta: «Todo el que bebe de esta agua volverá a tener sed; en cambio, el que beba del agua que yo quiero darle, nunca más volverá a tener sed sino que esa agua se convertirá en su interior en un manantial capaz de dar vida eterna». Exclama entonces la mujer: «Señor, dame de esa agua; así ya no volveré a tener sed ni tendré que venir aquí a sacar agua».
Jesús le dice: «Vete a tu casa, llama a tu marido y vuelve acá». Ella le contesta: «No tengo marido». «Es cierto —reconoce Jesús—; no tienes marido. Has tenido cinco y ese con el que ahora vives no es tu marido. En esto has dicho la verdad». Le responde la mujer: «Señor, veo que eres profeta. Nuestros antepasados rindieron culto a Dios en este monte; en cambio, ustedes los judíos dicen que el lugar para dar culto a Dios es Jerusalén». Jesús le contesta: «Créeme, mujer, está llegando el momento en que, para dar culto al Padre, ustedes no tendrán que subir a este monte ni ir a Jerusalén. Ustedes los samaritanos rinden culto a algo que desconocen; nosotros sí lo conocemos ya que la salvación viene de los judíos. Está llegando el momento, mejor dicho, ha llegado ya, en que los verdaderos adoradores rendirán culto al Padre en espíritu y en verdad, porque estos son los adoradores que el Padre quiere. Dios es espíritu, y quienes le rinden culto deben hacerlo en espíritu y en verdad». La mujer le dice: «Yo sé que el Mesías (es decir, el Cristo) está por llegar; cuando venga nos lo enseñará todo». Jesús, entonces, le manifiesta: «El Mesías soy yo, el mismo que está hablando contigo».
En ese momento llegaron los discípulos y se sorprendieron al ver a Jesús hablando con una mujer; pero ninguno se atrevió a preguntarle qué quería de ella o de qué estaban hablando. La mujer, por su parte, dejó allí el cántaro, regresó al pueblo y dijo a la gente: «Vengan a ver a un hombre que me ha adivinado todo lo que he hecho. ¿Será el Mesías?» Ellos salieron del pueblo y fueron a ver a Jesús.
Mientras tanto, los discípulos le insistían: «Maestro, come». Pero él les dijo: «Yo me alimento de un manjar que ustedes no conocen». Los discípulos comentaban entre sí: «¿Será que alguien le ha traído comida?» Jesús les explicó: «Mi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado y llevar a cabo sus planes. ¿No dicen ustedes que todavía faltan cuatro meses para la cosecha? Pues fíjense: los sembrados están ya maduros para la recolección. El que trabaja en la recolección recibe su salario y recoge el fruto con destino a la vida eterna; de esta suerte, se alegran juntos el que siembra y el que hace la recolección. Con lo que se cumple el proverbio: «Uno es el que siembra y otro el que cosecha». Yo los envío a ustedes a recolectar algo que no han labrado; otros trabajaron y ustedes se benefician de su trabajo».
Muchos de los habitantes de aquel pueblo creyeron en Jesús movidos por el testimonio de la samaritana, que aseguraba: «Me ha adivinado todo lo que he hecho». Por eso, los samaritanos, cuando llegaron a donde estaba Jesús, le insistían en que se quedara con ellos. Y en efecto, se quedó allí dos días, de manera que fueron muchos más los que creyeron en él por sus propias palabras. Así que decían a la mujer: «Ya no creemos en él por lo que tú nos has dicho, sino porque nosotros mismos hemos escuchado sus palabras, y estamos convencidos de que él es verdaderamente el salvador del mundo».
CREDO APOSTÓLICO
M: Hermanos, confesemos nuestra fe.
C: Creo en Dios, Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra. Y en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que fue concebido por obra del Espíritu Santo; nació de María Virgen; padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado; descendió a los infiernos; al tercer día resucitó de entre los muertos; subió a los cielos; está sentado a la diestra de Dios, Padre todopoderoso; de donde ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos. Creo en el Espíritu Santo; en la santa Iglesia Universal, la comunión de los santos, el perdón de los pecados; la resurrección de la carne; la vida eterna. Amén.
M: El Señor sea siempre con vosotros.
C: Y con tu espíritu.
PREDICACIÓN
TIEMPO DE ORACIÓN
ORACIÓN DEL SEÑOR
Padre nuestro, que estás en los cielos: Santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. El pan nuestro de cada día, dánolo hoy. Y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos dejes caer en la tentación, más líbranos del mal, porque tuyo es el reino, y el poder y la gloria, por todos los siglos. Amén.
Canto: Qué te puedo dar ¿Qué te puedo dar que no me hayas dado Tú? ¿Qué te puedo decir que no me hayas dicho Tú? ¿Qué puedo hacer por ti? Si yo no puedo hacer nada, si yo no puedo hacer nada si no es por ti, mi Dios.
Todo lo que sé, todo lo que soy, Todo lo que tengo es tuyo. (bis)
OFRENDA: rito de entrada de nuevos socios
RITO DE LA PAZ
ANUNCIOS
BENDICIÓN
M: En el nombre de Jesucristo, nuestro Señor, terminemos con paz. La iglesia del Señor Jesucristo y el amor de Dios y la participación del Espíritu Santo, sea con todos vosotros Amén.
Canto despedida: Llevad la buena noticia, a todo ser que respira y decidles que la paz está dentro de sus vidas, y que ellos paz serán si desparraman amor, a todos los hombres que encuentren, por esos caminos de Dios…