2019-10-13 “¿Ninguno volvió a dar gracias a Dios, sino este extranjero?”
Evangelio según san Lucas (17, 11-19) Una vez, yendo camino de Jerusalén, pasaba entre Samaría y Galilea. Cuando iba a entrar en una ciudad, vinieron a su encuentro diez hombres leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos le decían: «Jesús, maestro, ten compasión de nosotros». Al verlos, les dijo: «Id a presentaros a los sacerdotes». Y sucedió que, mientras iban de camino, quedaron limpios. Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos y se postró a los pies de Jesús, rostro en tierra, dándole gracias. Este era un samaritano. Jesús, tomó la palabra y dijo: «¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están?¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios más que este extranjero?». Y le dijo: «Levántate, vete; tu fe te ha salvado».
Queridos hermanos y hermanas en la Fe: Desde CRISMHOM (Comunidad Cristiana Ecuménica LGTBI+H de Madrid, Comunidad de diversidad sexual e identidad de género), seguimos con atención los pasos del camino sinodal que habéis iniciado en vuestra iglesia de Alemania. Estamos esperanzados al saber que da comienzo un camino hacia una Iglesia más horizontal y participativa, en la que se escuchen las voces de los laicos que formamos, junto con nuestros pastores, el Pueblo de Dios. Como cristianos y cristianas LGTBI, católicos en su mayoría, nos gustaría ver que en nuestra Iglesia, a la hora de hablar de diversidad sexual e identidad de género, no se abordan los temas única y exclusivamente desde posturas dogmáticas y desde la jerarquía, sino que se dialoga y se escucha lo que las personas LGTBI tenemos que decir sobre nosotras mismas y nuestra experiencia de Fe. Por eso, oramos a Dios fervientemente para que este camino sinodal que ahora se inicia, no sin dificultades, y que va a abordar entre otros temas el papel de la mujer en la Iglesia y la moral sexual, obtenga frutos de honestidad, de libertad y de caridad. También para que se vayan abriendo sendas por las que todos y todas podamos caminar, que conduzcan al fin de la discriminación de las mujeres y las personas LGTBI en nuestra iglesia y en las demás iglesias cristianas.
Evangelio según san Lucas (17, 5-10) Los apóstoles le dijeron al Señor: «Auméntanos la fe». El Señor dijo: «Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera: “Arráncate de raíz y plántate en el mar”, y os obedecería. ¿Quién de vosotros, si tiene un criado labrando o pastoreando, le dice cuando vuelve del campo: “Enseguida, ven y ponte a la mesa”?¿No le diréis más bien: “Prepárame de cenar, cíñete y sírveme mientras como y bebo, y después comerás y beberás tú”?¿Acaso tenéis que estar agradecidos al criado porque ha hecho lo mandado? Lo mismo vosotros: Cuando hayáis hecho todo lo que se os ha mandado, decid: “Somos siervos inútiles, hemos hecho lo que teníamos que hacer”».
Bendiciones se derramen hoy en ésta celebración de la Palabra. Que el Santo Espíritu de Dios inunde nuestras mentes con Su Amor, colmando nuestros corazones, para derramar ese Amor a Todas y Todos sin distinción.
Oración Inicial.
Evangelio según san Lucas (16, 19-31) Jesús dijo la siguiente parábola: «Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba cada día. Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que caía de la mesa del rico. Y hasta los perros venían y le lamían las llagas. Sucedió que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abrahán. Murió también el rico y fue enterrado. Y, estando en el infierno, en medio de los tormentos, levantó los ojos y vio de lejos a Abrahán, y a Lázaro en su seno, y gritando, dijo: “Padre Abrahán, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas”. Pero Abrahán le dijo: “Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso ahora él es aquí consolado, mientras que tú eres atormentado. Y, además, entre nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso, para que los que quieran cruzar desde aquí hacia vosotros no puedan hacerlo, ni tampoco pasar de ahí hasta nosotros”. Él dijo: “Te ruego, entonces, padre, que le mandes a casa de mi padre, pues tengo cinco hermanos: que les dé testimonio de estas cosas, no sea que también ellos vengan a este lugar de tormento”. Abrahán le dice: “Tienen a Moisés y a los profetas: que los escuchen”. Pero él le dijo: “No, padre Abrahán. Pero si un muerto va a ellos, se arrepentirán”. Abrahán le dijo: “Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no se convencerán ni aunque resucite un muerto”».