María en estado de alarma
Esta sesión de formación tiene lugar el 23 de mayo de 2020 de 19h a 21h por videoconferencia en el siguiente ENLACE. Contamos con la presencia de Montse Escribano que facilita nuestro encuentro con una figura de María en estado de alarma. Aportando claves de diálogo entre lo que estamos viviendo en la actualidad y las situaciones que tuvo que vivir María como parte integrante de una familia un tanto «queer», que tuvo que huir a Egipto en medio de la incertidumbre y el miedo. Aportará algunas claves para poder gestionar la situación que vivimos desde una inteligencia no sólo cognitiva, sino emocional y espiritual que nos ayude a recuperar la esperanza. Montse propone traspasar la figura devocional de María, para adentrarnos también en una dimensión política. Una figura de María de carne y hueso que desde su gestión personal de los miedos, la incertidumbre y el dolor sabe cómo implicarse en los procesos de acompañamiento, discernimiento y cambio de su propia historia, para llegar a las personas más desfavorecidas (e.g. el Magnificat, la visita a Isabel, la Anunciación). Montse aborda claves de abandono y confianza de María en Dios, que la llevan a ir más allá de su propia humanidad suscitando “milagros» en su entorno (e.g. las bodas de Caná), como los “milagros» que estos días son suscitados en medio de las situaciones límite que muchas personas están viviendo. Están disponibles los registros de AUDIO y VÍDEO de esta charla. Si estuviste en la charla, ten la bondad de dar DEVOLUCIÓN de la misma para dársela la ponente.

Esta sesión de formación tiene lugar el 16 de mayo de 2020 a las 21h (hora peninsular) y 20h (hora de Canarias) organizada por el Centro Loyola de las Palmas de Gran Canaria dentro del programa PADIS (Pastoral de Diversidad sexual) de Canarias. En ella James Alison compartirá con nosotros su experiencia sobre la diversidad sexual en nuestras comunidades cristianas. Puedes conectarte con esta charla a través de 
Esta reflexión tiene lugar el sábado 9 de mayo de 2020 de 19 a 21 horas. En ella, Cristóbal facilita nuestra reflexión en torno al acompañamiento esperanzado en tiempos de crisis. Su reflexión comienza con la contemplación del pasaje de los Hechos de los apóstoles en el que Felipe, se acerca a un etíope que vuelve de Jerusalén, desesperanzado por no entender al profeta Isaías (Hch 8, 26-40). Tras la reflexión en la que estas dos personas desesperanzadas se acompañan mutuamente, se desencadena la esperanza por el encuentro con Jesús resucitado. Posteriormente Cristóbal nos plantea tres retos/provocaciones para vivir con esperanza en tiempos de confinamiento: el cuidado propio; el cuidado a los demás y la consciencia de las actitudes que nos mueven a hacerlo. 
Evangelio según san Juan (10, 1–10) En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos: En verdad, en verdad os digo: el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ese es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A este le abre el guarda y las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz: a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños». Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. Por eso añadió Jesús: «En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon. Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos. El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estragos; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante.
Evangelio según san Juan (20, 19-31) Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros». Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo». Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos». Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor». Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo». A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: «Paz a vosotros». Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente». Contestó Tomás: «¡Señor mío y Dios mío!». Jesús le dijo: «¿Porque me has visto has creído? Bienaventurados los que crean sin haber visto». Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos han sido escritos para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.
Evangelio según san Juan (20, 1–9) El primer día de la semana, María la Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. Echó a correr y fue donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto». Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; e, inclinándose, vio los lienzos tendidos; pero no entró. Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio los lienzos tendidos y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no con los lienzos, sino enrollado en un sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos.