El relato del bautismo de Jesús en el evangelio de Juan (1:29-34) es muy peculiar. En primer lugar, no menciona el bautismo como tal; ni cita las palabras exactas que oyó Jesús cuando se apareció sobre él el Espíritu (si es que tenía noticia de las mismas); en realidad, toda la descripción de un acontecimiento tan importante como aquel se basa exclusivamente en el testimonio del Bautista: “He visto al Espíritu… Yo lo he visto, y soy testigo de que es el Hijo de Dios”. Hay, con todo, algunos detalles que deberíamos tener muy en cuenta, ya que nos proporcionan una síntesis de su mensaje respecto a Jesús. Ante todo, tenemos la afirmación solemne de su naturaleza de “Hijo de Dios”, aun cuando puede que el mismo Juan no tuviera una idea muy clara de las implicaciones de ese título mesiánico y de lo que en realidad significaba para Jesús.