Oración sobre ruedas

La primera oración que empecé a hacer de forma sistemática fue en un tren que cogía cada mañana para ir a trabajar. El traqueteo del tren, las miradas somnolientas y los avisos de parada se asociaron a las experiencias más hondas de encuentro con mi Señor. Sin velas, ni silencio sepulcral; sin hablar con nadie, casi rozando la mala educación. Hoy continúo rezando sobre ruedas, en un autobús, a veces en el metro. Pequeños momentos cotidianos sin gran intensidad que con el tiempo se van intensificando. Amistad sincera e íntima de coincidencias sobre ruedas.

Dios pone todo en mis manos

Contemplando a Jesús pensativo. Sabía que el Padre había puesto todo en sus manos. Mirando su convencimiento de que de Dios provenía y que pronto a Dios volvería. Experimentando que Dios pone todo en mis manos, que también provengo de Él y que mi existencia malamente se explica sin su amor o intervención, a veces silenciosa.

El trabajo del Señor en nosotros

Con el convencimiento de que el Señor, con paciencia y esmero va trabajando poco a poco dentro de uno, aunque a veces ni siquiera nos demos cuenta. En medio de un ritmo un tanto frenético, me paro para mirar y gustar lo que va ocurriendo, para sacar provecho de cada situación y experiencia. El tiempo pasa rápido y creyendo estar en el mismo punto, no es así, porque entretanto el Señor ha ido trabajando dentro de mí a su gusto y antojo, poco a poco, casi sin darme cuenta.

Guardando en el corazón

Contemplando cómo se acerca la hora. La hora de algo importante. Sintiendo de pronto desvelo, intranquilidad, desasosiego. Deseando no dejar pasar las experiencias que acompañan nuestra vida. Pidiendo aprender a guardarlas en el corazón. Empatizando con el desasosiego e intranquilidad de Jesús cuando camino de Jerusalén, manda a sus discípulos preparar la última cena.

Empatizando en la oración del huerto

Santa Teresa de Jesús desarrolló un fuerte sentimiento de empatía hacia los demás y hacia Jesús de Nazaret. Ya desde joven, incluso antes de ser monja, movíase su espíritu por las noches, antes de dormirse, para acompañar a Jesús junto al huerto de los olivos. Pensaba ella para sí, que aunque no fuera quizá la mejor compañía, no podía dejar solo a Jesús desolado, sudando sangre, en momento tan duro y crítico. Plenamente consciente de su humanidad limitada y sintiendo fuerte empatía hacia él.

Última y suma muestra de su amor

Jesús sabía que había llegado la hora de dejar este mundo e ir al Padre. Jesús siempre había amado a los que le pertenecían en este mundo. Entonces les dio una última y suma muestra de su amor. Un amor libre de una prestación anterior, para el que uno no necesita ser bueno o haber hecho algo para ser querido. Por encima de moralismos, rezos u otras cosas mandadas, la relación personal con el amor de Jesús es respuesta a un amor suyo anterior.

En tiempo de desolación, no hacer mudanza

Una persona con fe se atreve a hacer lo humanamente no razonable, porque no cuenta sólo con sus fuerzas. En los momentos en los que a pesar de la fe, todo se tambalea, sólo cabe seguir del modo en que avanzábamos cuando las cosas aún no se tambaleaban (en tiempo de desolación no hacer mudanza).

En comunión cristiana

Sintiéndome en comunión cristiana en medio de una celebración ecuménica de la Iglesia Ortodoxa Rusa en la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos. Sin hacer comparaciones, disfrutando y contemplando lo distinto. Poniendo tres velas por tres intenciones.

Tiempo para uno mismo

Buscando tiempos para estar, sin hacer nada, yo solo, en silencio. Tiempos para estar con uno mismo, para pensar; vaciar la cabeza de cosas hasta que ya no quede nada, hasta que empiecen a aparecer cosas nuevas. Tiempos para contemplar y mirar el devenir de nuestra propia vida, recrearnos en lo ya vivido, parando, viendo, agradeciendo y pidiendo perdón.

La fuerza no proviene de nosotros

Llevamos el tesoro de conocer a Jesús en vasijas de barro, para que quede claro que la fuerza de Dios no proviene de nosotros. Nos aprietan, pero no nos aplastan; estamos apurados, pero no desesperados; acosados pero no abandonados; nos derriban, pero no nos rematan.