Gestos de autenticidad
Contemplando el finísimo hilo de separación entre ser auténtico y ser mediocre y falso. Mirando cómo un gesto eficaz de autenticidad conmueve, remueve y hace mi corazón mucho más feliz que optar por el fácil camino de la mediocridad. Hoy siento y veo cómo un gesto así me une mucho más a quien realmente quiero e incluso con quien comienzo un camino de conocimiento. Dando gracias por nuestras limitaciones, porque nos dan la oportunidad de recibir y pedir perdón y sentir la paz inmensa de la reconciliación.
Gracias porque la vida cotidiana se ha llenado de momentos intensos, unos duros y otros gozosos. Momentos que nos hacen sentir que estamos vivos, que nuestro corazón late y que circula sangre por nuestras venas.
En la oración del 24 de diciembre de 2014, se leyó la carta de felicitación de Santiago Agrelo, obispo de Tánger. “No temáis, os traigo la buena noticia, la gran alegría para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un salvador, el Mesías, el Señor”. “Fijaos en vuestra asamblea: no hay en ella muchos sabios en lo humano, ni muchos poderosos, ni muchos aristócratas; sino que, lo necio del mundo lo ha escogido Dios para humillar a los sabios, y lo débil del mundo lo ha escogido Dios para humillar lo poderoso. Aún más, ha escogido la gente baja del mundo, lo despreciable, lo que no cuenta, para anular a lo que cuenta, de modo que nadie pueda gloriarse en presencia del Señor”.