Lo importante y lo accesorio
A lo largo del camino de nuestra propia vida, vamos aprendiendo a distinguir lo importante de lo accesorio, a irse gastando descubriendo y poniendo en práctica valores que nos sirven en nuestra propia vida.
A lo largo del camino de nuestra propia vida, vamos aprendiendo a distinguir lo importante de lo accesorio, a irse gastando descubriendo y poniendo en práctica valores que nos sirven en nuestra propia vida.
A veces caminamos con otros que tiran de nosotros y de los que tiramos. Uno aprende de los relatos y anécdotas compartidas. Otras veces caminamos solos. En el silencio uno aprende a escuchar de otra manera; a la naturaleza, los lugares por donde uno pasa y al Dios que está detrás de todos ellos.
Mujer, ¿por qué lloras? Se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto. Si te lo has llevado tú, dime dónde está y yo lo recogeré. ¡¡María, soy yo!! ¡¡Maestro!! dijo ella y lo abrazó tan fuerte que no podía soltarla. No me cojas tan fuerte y di al resto que me has visto. Llore yo, lléneme de alegría reconocerle. Pueda yo reconocerle, sepa decírselo a otros, aunque no me crean.
El buscador de Dios tiene algo de peregrino. Es importante el destino, pero también es importante el camino, cada etapa, los afanes de cada día. A veces la marcha es llevadera, otras se hace cuesta arriba.
Frustrado muchas veces por la falta de tiempo. Aunque sin deseo de hacer más cosas, sino de seguir con lo que hago, lo mejor que puedo y sé. Hoy le pido a Dios que me haga vislumbrar el proyecto de vida que el Señor, con cariño inmenso, pensó para mí.
Saberme amado, perdonado y enviado. Desde mi verdad y mi debilidad, siento que Dios me envía. Acompañar, contemplar, compartir. Cuidar los hábitos de la misión que el Señor me encomienda. Confianza y libertad en medio de la oración, los motores del seguimiento de Cristo resucitado.
¡¡¡Feliz Pascua de Resurrección!!!
Te veo en la cruz, sólo por amor.
Te veo en la cruz, muriendo por mí.
¿Qué puedo hacer por ti, Señor?
¿Qué puedo hacer por ti, Señor?
Sin palabras, no sé qué decir, no hay nada que decir. Sin palabras para rezar, sin palabras para conversar. Sin palabras. Silencio sin palabras. Ausencia de palabras en silencio. Elocuencia sin palabras. Silencio elocuente. Hoy, Señor, acompañándote en el huerto de los olivos, me he quedado sin palabras con las que rezar.
Mi palabra será como la lluvia que al caer desde el cielo empapa la tierra, la fecunda la llena de vida. Mi palabra será como la lluvia que al caer, empapa la tierra, la llena de vida.
Cuando no sentimos que Dios está en nuestra vida, sigamos las huellas de otros que pensamos que sí que le siguen.