María y la vida en el Espíritu Santo
“La Virgen María nos enseña el significado de vivir en el Espíritu Santo y qué significa acoger la novedad de Dios en nuestra vida. Ella concibió a Jesús por obra del Espíritu, y cada cristiano, cada uno de nosotros, está llamado a acoger la Palabra de Dios, a acoger a Jesús dentro de sí y llevarlo luego a todos. María invocó al Espíritu con los Apóstoles en el Cenáculo: también nosotros, cada vez que nos reunimos en oración estamos sostenidos por la presencia espiritual de la Madre de Jesús, para recibir el don del Espíritu y tener la fuerza de testimoniar a Jesús resucitado
“La Iglesia, cuando busca a Cristo, llama siempre a la casa de la Madre y le pide: «Muéstranos a Jesús». De ella se aprende el verdadero discipulado. He aquí por qué la Iglesia va en misión siguiendo siempre la estela de María (···). Queridos amigos, hemos venido a llamar a la puerta de la casa de María. Ella nos ha abierto, nos ha hecho entrar y nos muestra a su Hijo. Ahora ella nos pide: «Hagan todo lo que él les diga» (Jn 2,5). Sí, Madre, nos comprometemos a hacer lo que Jesús nos diga.
Al estar en Dios y con Dios, María está cerca de cada uno de nosotros, conoce nuestro corazón, puede escuchar nuestras oraciones, puede ayudarnos con su bondad materna.
Esperanza es la virtud del que experimentando el conflicto, la lucha cotidiana entre la vida y la muerte, entre el bien y el mal, cree en la resurrección de Cristo, en la victoria del amor. Hemos escuchado el Canto de María, el Magnificat es el cántico de la esperanza, el cántico del Pueblo de Dios que camina en la historia. Es el cántico de tantos santos y santas, algunos conocidos, otros, muchísimos, desconocidos, pero que Dios conoce bien: mamás, papás, catequistas, misioneros, sacerdotes, religiosas, jóvenes, también niños, abuelos, abuelas, estos han afrontado la lucha por la vida llevando en el corazón la esperanza de los pequeños y humildes”. 

María, tú que eres una mujer alegre, enséñame a tener siempre una sonrisa sincera para los demás. Que allí donde vaya sepa llevar alegría. Te pido por todos los que están tristes, que descubran la alegría de tener un Dios bueno que les acompaña siempre.
La resurrección de Jesús no es el final feliz de una historia. Con la resurrección todo continúa. O mejor, todo comienza de nuevo. Así se comprende que los apóstoles que “despiden” a Jesús de esta tierra, reciban este reproche: “¿qué hacéis ahí mirando al cielo?” (Hech 1,11). No hay nada que contemplar. Solo nubes. De lo que se trata es de volver a Jerusalén y comenzar la misión, anunciar que Jesús ha resucitado, que vive y permanece, por medio de su Espíritu, entre los suyos. No se trata solo de que su causa continúa. Precisamente porque está vivo puede ponerse al frente de la causa.