Fuera del mundo

Si el mundo os odia, sabed que me ha odiado a mí antes que a vosotros, nos dice Jesús de Nazaret. Si fuerais del mundo, el mundo os amaría como cosa suya: pero no sois del mundo, sino que yo os he escogido sacándoos del mundo, por eso el mundo os odia.

Recordad lo que os dije: no es un siervo más que su amo. Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán; si han guardado mi palabra, también guardarán la vuestra. Y todo esto lo harán con vosotros a causa de mi nombre, porque no conocen al que me envió (Jn 15, 18-21).

Experimentando la tensión de nuestra incoherencia

Experimentando la tensión de la incoherencia de ser partícipes en mayor o menor medida de una sociedad movida por la riqueza y el poder. Experimentando que a través de nuestra propia debilidad, podemos ponernos en manos de Dios, para poder alcanzar la fraternidad gracias a la acción del Espíritu y centrarnos en buscar el Reino de Dios y su justicia, porque Dios proveerá lo que necesitemos.

Examen del día

Busco un lugar tranquilo, hago silencio y caigo en la cuenta de que entro en la presencia del Señor. «Tú me sondeas y me conoces».

AGRADECER: le doy gracias a Dios por el día vivido y por todo el bien recibido: las alegrías, los gozos, los encuentros, el perdón y la fe. También por las dificultades, las luchas y las contradicciones encontradas, que me colocan en mi lugar. Aunque no siempre lo haya visto, Dios estaba allí presente, sosteniéndome y trabajando por mí.

PEDIR LUZ: pido al Espíritu luz para mirar mi vida con sus ojos, como la mira Él, para saber reconocerlo en el día que termina y para descubrir cómo ha estado volcado en mí. Le pido también que ilumine mis fallos y que sea su mirada la que descubra mis incoherencias.

TOMAR CONCIENCIA: presto atención a todo lo vivido. Y recorro los sentimientos y recuerdos que he experimentado: gozo, paz, miedo, duda, compasión. Recorro también las faltas que he cometido hoy: mi pobre fe, esperanza o amor, mis fallos de pensamiento, palabra y obra. ¿Qué me ha movido por dentro? ¿Cuál ha sido mi tono en este día? ¿Cómo ha pasado Dios por mí?

PEDIR PERDÓN: le pido al Señor perdón de corazón. Por mis pobres respuestas, por olvidar su presencia, por cerrarme a su amor.

ENFOCAR EL MAÑANA: con la confianza de saberme en las manos de Dios, le pido gracia para seguirle mañana más de cerca, un poco mejor. Y para corregir aquello que me separa de Él. Termino rezando con tranquilidad el Padrenuestro.

Estoy a la puerta y llamo

Recíbeme con todo lo que Tú pusiste en mí, con todas esas ganas de vivir, con toda mi miseria.

Ap 3, 20: «He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a ella o a él, y cenaré con ella o con él y ellos conmigo».

Sombra como encerramiento

Para experimentar el abrazo amoroso de Dios y su rescate, necesitamos descender al fondo de nuestras sombras. Contemplando la sombra, como el encerramiento en uno mismo, donde no existe ni Dios, ni los demás. Ni siquiera nuestro verdadero yo.

Canto y ofrenda de amor

Quiera el Señor darnos a sentir cada vez más claramente su amor y que este llene tanto nuestra vida que queramos poco a poco ir transformándola en canto y ofrenda de amor para todos los hombres y mujeres de este mundo.

Se saldrá con la suya

Tanto Zaqueo que quería encontrarse con Jesús pero no sabía cómo y se subió a un árbol (haciendo el ridículo) o Jonás que sale huyendo, o Nicodemo que tiene muchos miedos, se acerca de noche y no le cabe en la cabeza que sea posible empezar de nuevo, todos ellos se acaban encuentrando con Jesús. Por muchos impedimentos que pongan o tengan, Dios se acaba encontrando con todos ellos, porque es Dios quien se acaba saliendo con la suya. Tengamos confianza en que por muy mal que se nos dé (salgamos huyendo como Jonás), Dios se acabará saliendo con la suya.

Luchando contra el aislamiento

Desde el afecto y la gratitud de Dios recibida desde Dios mismo y los que nos rodean, hoy quiero pedir encontrar gestos, obras, palabras, pensamientos, sentimientos en pro de personas que me aislan o de las que me aislo.

Estaba ahí pero no le reconocía

El Señor estaba ahí pero yo no le reconocía. Ejercitando la memoria agradecida de nuestro encuentro con Dios, para que surja en nosotros afecto y gratitud hacia su bondad. Ahí estaba, aunque no le reconocimos. Es fácil decidirse por alguien por quien sentimos afecto y gratitud. No podemos contar con que al darnos, los demás nos respondan. Sin embargo, el afecto y gratitud bien gustados e interiorizados de Dios y los demás, nos permiten dar y gustar dar sin necesariamente recibir.

Sacando algo bueno de las cruces

El Señor estaba aquí pero yo no le reconocía. Esto nos pasa en mitad de la dificultad. Dios no nos manda cruces, las trae la vida. Jesús nos acompaña para sacar algo bueno de cada una de ellas sin que se nos oscurezca la fe.