La comunidad de fe y vida es un espacio para compartir la vivencia diaria de la fe a la luz del evangelio. Estas comunidades se reúnen periódicamente cada 15 días y permiten compartir vivencias personales en primera persona a la luz de los textos evangélicos. Para formar parte de esta comunidad es necesario que se solicite a través del correo de acogida (acogida@crismhom.org). Para no romper el ambiente de confianza entre las personas del grupo, es necesario acudir regularmente y solicitar formalmente ser un miembro más del grupo.
Reunión grupo de fe y vida
Martes 25 de noviembre de 2014
Examen del día
Busco un lugar tranquilo, hago silencio y caigo en la cuenta de que entro en la presencia del Señor. «Tú me sondeas y me conoces».
AGRADECER: le doy gracias a Dios por el día vivido y por todo el bien recibido: las alegrías, los gozos, los encuentros, el perdón y la fe. También por las dificultades, las luchas y las contradicciones encontradas, que me colocan en mi lugar. Aunque no siempre lo haya visto, Dios estaba allí presente, sosteniéndome y trabajando por mí.
PEDIR LUZ: pido al Espíritu luz para mirar mi vida con sus ojos, como la mira Él, para saber reconocerlo en el día que termina y para descubrir cómo ha estado volcado en mí. Le pido también que ilumine mis fallos y que sea su mirada la que descubra mis incoherencias.
TOMAR CONCIENCIA: presto atención a todo lo vivido. Y recorro los sentimientos y recuerdos que he experimentado: gozo, paz, miedo, duda, compasión. Recorro también las faltas que he cometido hoy: mi pobre fe, esperanza o amor, mis fallos de pensamiento, palabra y obra. ¿Qué me ha movido por dentro? ¿Cuál ha sido mi tono en este día? ¿Cómo ha pasado Dios por mí?
PEDIR PERDÓN: le pido al Señor perdón de corazón. Por mis pobres respuestas, por olvidar su presencia, por cerrarme a su amor.
ENFOCAR EL MAÑANA: con la confianza de saberme en las manos de Dios, le pido gracia para seguirle mañana más de cerca, un poco mejor. Y para corregir aquello que me separa de Él. Termino rezando con tranquilidad el Padrenuestro.
Oración de salida:
El don de SER UNO MISMO
A veces me descubro intentando ser quien no soy, queriendo vivir las vidas que no tengo, soñando con sentir lo que no siento. Me encuentro falto de naturalidad y sin saber dónde estar ni qué hacer. Después me come la culpa por ser así y pienso demasiado en qué pensarán los demás.
Señor, ayúdame a querer ser siempre «yo», a sumarme a tus causas y tus proyectos con lo que soy realmente, con todo lo bueno que puedo aportar. Ayúdame a agradecerlo y valorarlo, a sacar fuerzas para sentirme realmente feliz de seguir tus huellas.
El don de la GENEROSIDAD
Me apetece regalar y cuando regalo me encuentro feliz. Salir de mí me hace alejarme de esos fantasmas; desaparecen sin más. Es como si la solución no estuviese en absoluto en mí, sino en algo mayor: en Dios, en mis hermanos …
Señor, que siga escuchando ese: «lo que de balde recibísteis, dadlo de balde». Que viva agradecida por lo recibido y el don de la generosidad se vaya convirtiendo poco a poco en una nota de fondo en mi vida.
El don de la SENCILLEZ
Me parece que una persona sencilla es inevitablemente alegre, buena, feliz. No va a buscar la motivación en los grandes acontecimientos sino en el día a día. No será lo material excesivamente importnte sino al contrario, la gente lo que merezca la pena. Que sepa vivir sencillamente ser instrumento de paz en este mundo y caminar humildemente junto a los demás.
El don de la COMPASIÓN
Entrañarse con el mundo, saber colocarse sus zapatos y animarse a caminar por donde el otro camina. Hacer el camino del sufrimiento, respetarlo, entenderlo, escucharlo … Compartir la alegría, las emociones, los encuentros … Pretender el gesto y la palabra oportuna ante quien sufre, ante quien me habla, ante quien me necesita. No comprar la seguridad de la distancia sino arriesgarse en lo que complica, vivir juntos el camino de la salvación, aquí y ahora, no vaya a hacerse tarde.
Sobre los dones
Y Dios puede colmarnos de dones, de modo que teniendo siempre suficiencia de todo, os sobre para toda clase de obras buenas […] El que provee la semilla al sembrador y el pan para comer, proveerá y multiplicará vuestra semilla y hará crecer la cosecha de vuestra limosna (2 Co 9, 8-10).