La comunidad de fe y vida es un espacio para compartir la vivencia diaria de la fe a la luz del evangelio. Estas comunidades se reúnen periódicamente cada 15 días y permiten compartir vivencias personales en primera persona a la luz de los textos evangélicos. Para formar parte de esta comunidad es necesario que se solicite a través del correo de acogida (acogida@crismhom.org). Para no romper el ambiente de confianza entre las personas del grupo, es necesario acudir regularmente y solicitar formalmente ser un miembro más del grupo.
Reunión grupo de fe y vida
Martes 20 de mayo de 2014
Evangelio: Juan 14,15-21
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. Yo le pediré al Padre que os dé otro defensor, que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis, porque vive con vosotros y está con vosotros. No os dejaré huérfanos, volveré. Dentro de poco el mundo no me verá, pero vosotros me veréis y viviréis, porque yo sigo viviendo. Entonces sabréis que yo estoy con mi Padre, y vosotros conmigo y yo con vosotros. El que acepta mis mandamientos y los guarda, ése me ama; al que me ama lo amará mi Padre, y yo también lo amaré y me revelaré a él.»
¿Cuál es tu vivencia del Espíritu? ¿Cómo percibes su acción en tu vida?
Evangelio: Juan 14,1-12
En la casa de mi Padre hay muchas estancias; si no fuera así, ¿os habría dicho que voy a prepararos sitio? Cuando vaya y os prepare sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino.» Tomás le dice: «Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?» Jesús le responde: «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí. Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto.» Felipe le dice: «Señor, muéstranos al Padre y nos basta.» Jesús le replica: «Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: «Muéstranos al Padre»? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace sus obras. Creedme: yo estoy en el Padre, y el Padre en mí. Si no, creed a las obras. Os lo aseguro: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aún mayores. Porque yo me voy al Padre.»
¿Cuál es el camino que intuyes en tu vida para ser feliz?
Oración de entrada
Como una fuente.
Señor, yo no sé rezarte. Sin cesar mi cuerpo se agita y mis pensamientos se dispersan como un rebaño indócil. Todo mi ser te huye. No tengo más que mi vacío para ofrecerte. Aunque torpe, incierto y pesado, yo estoy aquí y te contemplo.
¡Y tú, tú vienes hacia mí, tú, el Altísimo, el Muy Santo, el Todopoderoso! ¡Te inclinas hacia mí! ¡Me escuchas y me acoges! Eres en mí como una fuente que brota en un rincón de un pequeño valle. Tranquela y serena, lo llena con su murmullo, expande su frecura y pone en mi corazón un canto de alegría.
No me abandones, Señor. Sin ti, no soy nada, vuelvo a mi nada. Quédate en mí como esa fuente. Su agua ilumina mi opacidad, y vivifica el hielo del que tú me has sacado. Recipiente inútil, convertido en fuente a mí vez, podría transmitir a los otros lo que he recibido de ti.
Glorificad en vuestros corazones a Cristo Señor y estad siempre prontos para dar razón de vuestra esperanza a todo el que os la pidiere; pero con mansedumbre y respeto y en buena conciencia, para que en aquello mismo en que sois calumniados queden confundidos los que denigran vuestra buena conducta en Cristo; que mejor es padecer haciendo el bien, si tal es la voluntad de Dios, que padecer haciendo el mal. Porque también Cristo murió por los pecados una vez para siempre: el inocente por los culpables, para conducirnos a Dios. Como era hombre, lo mataron; pero, como poseía el Espíritu, fue devuelto a la vida (I Pedro 3,15-18).
Oración de salida
Tanto Zaqueo que quería encontrarse con Jesús pero no sabía cómo y se subió a un árbol (haciendo el ridículo) o Jonás que sale huyendo, o Nicodemo que tiene muchos miedos, se acerca de noche y no le cabe en la cabeza que sea posible empezar de nuevo, todos ellos se acaban encuentrando con Jesús. Por muchos impedimentos que pongan o tengan, Dios se acaba encontrando con todos ellos, porque es Dios quien se acaba saliendo con la suya. Tengamos confianza en que por muy mal que se nos dé (salgamos huyendo como Jonás), Dios se acabará saliendo con la suya.
El Señor estaba aquí pero yo no le reconocía. Esto nos pasa en mitad de la dificultad. Dios no nos manda cruces, las trae la vida. Jesús nos acompaña para sacar algo bueno de cada una de ellas sin que se nos oscurezca la fe.
El Señor estaba ahí pero yo no le reconocía. Ejercitando la memoria agradecida de nuestro encuentro con Dios, para que surja en nosotros afecto y gratitud hacia su bondad. Ahí estaba, aunque no le reconocimos. Es fácil decidirse por alguien por quien sentimos afecto y gratitud. No podemos contar con que al darnos, los demás nos respondan. Sin embargo, el afecto y gratitud bien gustados e interiorizados de Dios y los demás, nos permiten dar y gustar dar sin necesariamente recibir.