La comunidad de fe y vida es un espacio para compartir la vivencia diaria de la fe a la luz del evangelio. Estas comunidades se reúnen periódicamente cada 15 días y permiten compartir vivencias personales en primera persona a la luz de los textos evangélicos. Para formar parte de esta comunidad es necesario que se solicite a través del correo de acogida (acogida@crismhom.org). Para no romper el ambiente de confianza entre las personas del grupo, es necesario acudir regularmente y solicitar formalmente ser un miembro más del grupo. El material para esta reunión es el siguiente:
Comunidad de fe y vida
Martes, 23 de octubre de 2012
Evangelio: Marcos 10, 35-45
«El hijo del hombre ha venido para dar su vida en rescate por todos.»
En aquel tiempo, se acercaron a Jesús los hijos del Zebedeo, Santiago y Juan, y le dijeron: «Maestro, queremos que hagas lo que te vamos a pedir.» Les preguntó:- «¿Qué queréis que haga por vosotros?» Contestaron: «Concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda.» Jesús replico: «No sabéis lo que pedís, ¿sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber, o de bautizaros con el bautismo con que yo me voy a bautizar?» Contestaron: «Lo somos». Jesús les dijo: «El cáliz que yo voy a beber lo beberéis, y os bautizaréis con el bautismo con que yo me voy a bautizar, pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo; está ya reservado.» Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra Santiago y Juan. Jesús, reuniendolos, les dijo: «Sabéis que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen. Vosotros, nada de eso: el que quiera ser grande, sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos. Porque el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos».
¿Identificas alguna faceta en tu vida que esté volcada hacia el servicio a los demás? ¿Cómo vives los actos de servicio cuando no son reconocidos?
Evangelio: Mateo 10, 46-52
«Maestro, haz que pueda ver.»
En aquel tiempo, al salir Jesús de Jericó con sus discípulos y bastante gente, el ciego Bartimeo, el hijo de Timeo, estaba sentado al borde del camino, pidiendo limosna. Al oír que era Jesús Nazareno, empezó a gritar: «Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí.» Muchos lo regañaban para que se callara. Pero él gritaba más: «Hijo de David, ten compasión de mí.» Jesús se detuvo y dijo: «Llamadlo.» Llamaron al ciego, diciéndole: «Ánimo, levántate, que te llama.» Soltó el manto, dio un salto y se acercó a Jesús. Jesús le dijo: «¿Qué quieres que haga por ti?» El ciego le contestó: «Maestro, que pueda ver.» Jesús le dijo: «Anda, tu fe te ha curado.» Y al momento recobró la vista y lo seguía por el camino.
¿Cuáles son tus cegueras? ¿Tienes verdadero deseo de poder ver con los ojos de Jesús?
Oración de inicio de la reunión:
Padre bueno:
Bendícenos en nuestra reunión del Grupo Pequeño. Nos abandonamos en tus manos amorosas y nos confiamos por entero a Tí, que eres amor, bondad y generosidad.
Tú nos alimentas cada día, nos sostienes, alegras y das sentido a nuestra vida por medio de Jesús.
En Él nos ofreces lo que nos conviene, lo que nos hace falta para que nuestra vida sea plena y podamos ser felices.
Aunque muchas veces no nos demos cuenta, sabemos que estás siempre a nuestro lado para acompañarnos, guiarnos e iluminar nuestro camino. Tu presencia nos da fuerza, armonía y estabilidad.
Enséñanos a superar nuestros achaques, a vivir con ilusión todos los días, a sonreír cada mañana y a descubrir cada noche los regalos que hemos recibido.
Que podamos verte y sentirte en las personas, en la naturaleza, en los acontecimientos. Que sintamos que estás cerca y que tu Espíritu nos habita. Que tu cariño nos desborde para que podamos amarte, servirte y agradarte a Tí y a los demás.
Te damos muchas gracias por las vidas de cada uno de nosotros. Gracias por nuestras queridas familias, por los amigos, por la Parroquia, por el Grupo.
¡Bendito seas Padre, Hijo y Espíritu Santo!
por tu inmenso amor y porque quieres que vivamos plenos, alegres y gozosos en tu compañía.
Gracias, Padre, porque has ocultado todas estas cosas a los que en ocasiones nos creemos sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla.
Señor, Tú me sondeas y me conoces, sabes cuando me siento y me levanto, comprendes mis pensamientos, formaste mis entrañas. Gracias por crearme, comprenderme y amarme.
El amor que se nos regala hace nacer una felicidad que poco a poco llena el fondo del alma. Somos movidos a tomar una opción por la fel
icidad.
La felicidad se despierta por la sorpresa de un encuentro, una amistad que perdura, la creación artística o la belleza de la naturaleza.
Un cristiano del siglo II: Vístete de alegría … Estos vivirán para Dios, los que se despojen de la tristeza para revestirse de alegría.
Lo que lleva una vida humana a la plenitud, no son las hazañas espectaculares, sino una alegría serena que toca las profundidades del corazón.
Si no nos hacemos pequeños y sencillos como un niño, no entraremos en el Reino de Dios. Y si no alcanzamos a vislumbrar el ángel de niño en lo que nos rodea, nos perdemos la más honda raíz de la felicidad.
El camino de la felicidad en el seguimiento de Jesús, consiste en el don de nosotros mismos, día tras día. Por nuestra vida, con gran sencillez, podemos expresar el amor de Dios.
La acumulación excesiva de bienes mata la alegría. La felicidad se encuentra escogiendo un estilo sobrio, trabajando para dar sentido a la existencia. Al compartir con los demás es posible contribuir a crear un futuro de paz.
Oración de fin de la reunión:
LLAMA DE AMOR VIVA
¡Oh llama de amor viva,
que tiernamente hieres
de mi alma en el más profundo centro!;
pues ya no eres esquiva,
acaba ya, si quieres;
rompe la tela de este dulce encuentro.
¡Oh cauterio suave!
¡Oh regalada llaga!
¡Oh mano blanda! ¡Oh toque delicado!,
que a vida eterna sabe
y toda deuda paga;
matando, muerte en vida la has trocado.
¡Oh lámparas de fuego,
en cuyos resplandores
las profundas cavernas del sentido,
que estaba oscuro y ciego,
con extraños primores,
calor y luz dan junto a su Querido!
¡Cuán manso y amoroso
recuerdas en mi seno,
donde secretamente solo moras,
y en tu aspirar sabroso de bien y gloria lleno,
cuán delicadamente me enamoras!
(San Juan de la Cruz)